Que trasciendan a su modo aquellos que no tienen el valor de callar.
Que encontremos nosotros la forma de compartir lo necesario.
Que se pierdan, entre hojas perdidas, mis mejores poemas.
Quiero averiguar nuevos caminos.
Quiero encontrar nuevos misterios.
Que nada se revele
en nada.
Que cada movimiento tuyo sea tuyo.
Vamos a descubrir notas, silencios.
Rompámos todas las formas, las materias, los materiales. Los dibujos de nuestras primarias.
Empecemos por el ABC de ABrir nuestras Emociones.
¡MUÉSTRATE, carajo!
Así sin miedo.
Imagina un tazo de los que venían en los Doritos.
Esa ilusión, la corta duración del recreo.
Pero tú encontraste lo que siempre quisiste.
El tazo dorado.
Conociste la felicidad a los once años.
Lo demás ha sido aprender a conformarte.
Y lo has hecho muy bien.
Mírate ahora.
Cuando dices que eres feliz
con la calma de apagar la tele antes
de dormir y saber
que ningún tornado (como yo)
te va a invadir tu suelo.
Tu sueldo.
Consuelo de muchos
Remedio de tantos
tontos que creen en ti
porque no saben que los engañas.
Mientes mientras muestras que nuestras mentes y miserias mueren misteriosamente mientras nadie muestra
ningún tipo de interés más por menester que por motriz agravio no conceden moribunda muestra de morosa muerte, y misericordiosa mentira.
Monstruoso mañana que al amanecer nos concede el milagro del misterio.
Sé tú cada uno de los grillos que no me dejan dormir.
Despiértame.
Alternativamente algún día yo te despertaré
solo
para
que puedas odiarme
con justicia.
Porque sé que me odiarás
porque me amas.
Es garantía.
Moveremos estatuas.
Montañas.
Colonizaremos la
descolonización.
Toda la academia con sus lentos amaneceres serán los campos de juego de los hijos que jamás tendremos.
Tejeremos juntos
no un pasado.
Ni un huipil.
No una corbata.
Tejeremos presentes tan verdes como éste.
Tan acuáticos.
Porque solamente hace falta separarse un poquito de la superficie
Oler los espacios
abiertos
Y sí.
Es cierto que me basta con todas tus insinuaciones,
yo jamás he pedido más.
Las hojas suben y suenan lento sin que nos pidan permiso pero tus intenciones, sí.
Aprende a no pedir permiso.
Cada ritmo se tiene que
romper.
O no es ritmo.
Si crees en algo es porque no es.
No se trata de descubrir
avioncitos de papel.
O huellitas de manos.
Pequeñas en el vidrio.
(Ya dijimos que los hijos que amamos son de otros. El futuro no es nuestro)
Se trata de que un juguete roto es mejor que ningún juguete.
¿Qué sientes que nadie te invite?
Toda danza es matemática en su estado más puro.
Danza es poesía.
Danza es prosaica pleitesía
Danza es elegía.
Y elegías danzar sin los tambores que son la única danza querida.
Pero tú no nos quieres escuchar y por eso no lo haces, porque ya lo hacías desde siempre.
Porque no tienes que escuchar la voz del GPS diciéndote que gires a la izquierda.
Porque todo tu cuerpo está a la izquierda.
Pero tus miedos te invaden a la derecha.
Y hoy, solamente hoy, existe un borboteo de agua profunda y silenciosa.
Hoy hay piedras pintadas.
Absoluta norma de lo establecido.
No es no.
Aunque quieras replicar aquello
que te mantiene alerta
en las noches
sin sentido.
No es no.
Porque la claridad
abre espacio
a la poesía.
Cada bosque que se quema
es solo un bosque más.
Y cada canción silenciada
es un silencio mínimo.
Nadie sabe lo que no sabe.
Pero el miedo tiene miedo de sí mismo.
Y la playa brilla, brilla,
lenta,
suave,
sin tu compañía.
Fotografía por Jerónimo Andrade

Autor mexicano de ficción literaria y no ficción, facilitador de Talleres de Escritura Creativa en México, Estados Unidos, Kenia y Cuba.
