Se habla del primer beso y de su dulce sensación. Pero, y aquel primer café, ¿qué?
Ese primer café que compartieron aquella persona y tú, en alguna pequeña cafetería local, entre risas y mejillas chapeadas.
Ese primer café que te calentó las manos, aquella mañana helada en una ciudad que, con apenas conocer sus arterias, ya te nombró su fiel habitante.
Ese primer espresso al que no le hiciste mala cara y te premió con una nota a cacao que registraste gratamente en tu memoria sensorial.
El primer beso, el primer café; cuán generosos y gentiles.
Fotografía por Cristóbal Coello Robles // Revelado y escaneo por Bengala

