La abstinencia más cruel es la del amor

Ojos mirando el piso, descendiendo al infierno, muerto me sentiré mejor. Sueño cálido sobre el que reposo, bichos raros organizando la fiebre de mi cuerpo. El ser eterno que pretendía mediante las palabras se desvanece, la vida me ha superado, no soy nada ni nadie para el mundo. El insomnio me irrita las pupilas, y fantaseo con un mejor futuro, tal vez un día logré sonreír. La luna es mi sol, las luciérnagas mis mariposas, la oscuridad mi luz, el whisky mi café, los cigarros mi cereal, pero ¿que remplaza el amor?… Nada.

Fotografía por Ellen Hutchinson

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