Iceberg

30 mayo, 2018

¿Sientes el frío? Casi no hay espacio para moverse, o no hay como hacerlo porque me duelen las manos y mis dedos están helados. Llevamos tanto tiempo flotando que ya es normal sentirme estática, no importa para donde voltee sólo hay bruma y no puedo ver a más de dos metros de distancia. En cualquier segundo va a haber una colisión.

¿En qué momento pusimos el mundo de cabeza? Siento como me derrito y al mismo tiempo cada vez hay más hielo; si no lo supiera no creería que un día fui un volcán. Pero al menos ahora tenemos la certeza de que los volcanes flotan y que la lava no solo quema.

No entiendo de dónde sale tanta agua, ni todo el ruido que hay de fondo, en qué momento se detuvo la música y por qué no me sale ya la voz.
Me duelen la garganta y el corazón todos los días antes y después de dormir.

Nos dejamos arrastrar por la corriente y ya solo salgo a respirar para que me sigan pintando en los mapas. Aquí sigues, cuando la marea baja todavía te escucho, y cuando no hay tantas nubes a veces hablo contigo, aunque tú no me escuches ya.

Un día cántame, si no me rompe el choque, que me rompa tu voz. Sigo pensando que si me abrazaras se caería más rápido el hielo. Tengo los labios morados y ya casi no me veo, a veces cierro los ojos y solamente floto.

Te dejo unas coordenadas, voltea hacia arriba.
Ojalá que el impacto sea contra ti.

Fotografía: Anna Sauza