¿Cómo nació la idea de este libro?
Empecé a escribir El gran danés en 2016, sin saber exactamente qué quería escribir. En un taller apareció la primera imagen disparadora: una chica triste en un parque que se encuentra con un perro gran danés, casi como un pony. A partir de ahí el texto empezó a mutar, a crecer, hasta convertirse en la novela que es hoy.
¿Qué descubriste en el proceso de escribirlo que no imaginabas al inicio?
Fue un proceso de prueba y error, lleno de hallazgos inesperados. Era la primera vez que me enfrentaba a un texto largo y no tenía idea de cómo avanzar. Descubrí que escribir es lento, caótico, que implica ir hacia adentro para después salir. Y también entendí algo importante: una no escribe como quisiera, sino como puede, y aprender a amigarse con eso es parte del camino.
¿Qué partes tuvieron que quedarse fuera para que el libro quedara como está?
Muchas. Este libro tuvo incontables versiones. Personajes, escenas, fragmentos enteros quedaron en el camino, fueron decantando hasta que lo que quedó en pie es la novela que finalmente publiqué en Almadía. También siento que está bueno no ser necia y saber tamizar el texto hasta llegar al núcleo de la escritura.
¿Qué conversaciones, lecturas, imágenes o sonidos se cruzaron en la escritura de este libro?
En lecturas, Acá todavía de Romina Paula y Opendoor de Iosi Havilio. En música, mucho de Él mató a un policía motorizado. En ese momento también hacía mucho teatro —actuar, dirigir— y siento que algo de ese universo escénico se filtró en la escritura.
¿Hay una emoción o pregunta que lo atraviese de principio a fin?
Creo que lo que lo atraviesa es la pregunta por lo no dicho: el silencio, los secretos, la imposibilidad de comunicar.

¿Hubo un momento en el que sentiste que el libro cambió de rumbo?
Muchas veces. Nunca tuve un rumbo claro: era el libro el que me lo iba marcando. Yo no sabía bien hacia dónde avanzar, y fue la escritura misma la que me fue guiando hasta llegar a esta forma final.
¿Cómo cambió tu manera de leer o de mirar después de terminarlo?
Aprendí a leer con más paciencia y atención. A darle valor a los procesos, incluso cuando parecen desordenados. Creo que después de escribirlo miro los libros de otros con más empatía: detrás de cada uno hay mucho trabajo invisible, mucho que no se ve.
¿Qué autorxs te inspiran últimamente y qué encuentras en su forma de escribir?
Últimamente me inspira mucho Ariana Harwicz, por la fuerza de su prosa; Selva Almada, por cómo construye atmósferas; y Guadalupe Nettel, por la manera en que convierte lo íntimo en algo universal. De cada una encuentro un pulso, un ritmo distinto que me da ganas de volver a la escritura.
¿Cuál es tu restaurante favorito y qué nos recomiendas pedir?
Imposible decir solo uno porque depende qué quieras comer pero hoy te digo Sarkis en Buenos Aires. Te pedís un poco de cada cosa, humus, aceitunas negras con queso, tabule y keppe crudo. Cerrás la noche con la copa Sarkis que es helado con nueces, chocolate y whisky.

Nació en Buenos Aires Argentina en 1991. Es artista visual y escritora. Actualmente vive en CDMX.
