De calles y camas

Somos los que pintamos con gises las banquetas al doblar cada esquina, conservamos la orientación para recordar en dónde pisamos.

Son mis labios y dientes los que pagan el alquiler de esta cama, la que pertenece a distintos hombres, los que sacuden hasta los clavos en cada embestida; empeño la voz para lograr gritos cuando se comen mi carne en crudo, salada por sudor, caliente por tanta ausencia de mí, trémula a partir de mis pechos, hueca cuando se llega al corazón.

Hábito en hogares equivocados y concentrados en la misma casa, ya perdí un muslo la primera vez, el brazo izquierdo lo ofrecí a cambio de una caricia matutina, perdí mis cabellos de petróleo para que otro recuerde mi nombre de seis letras. Ahora convivo con un solo riñón, vivo tuerta, un ovario me queda para colaborar con la luna (6 ocasiones al año), tengo dos piernas, un solo pie… Poseo un cuerpo ligero, complaciente, un rostro inteligente que sabe guiñar el ojo restante, mi cintura hace posible que no extrañen al muslo faltante; me entrego apasionada y transpiro amor mientras meticulosos embalsaman en distintas capas de semen lo que resta de mí. Ganas de cariño, de acertar el hogar que prepara desayunos y besos en los labios, los “buenos días, me importas más que horas atrás “, el baño delicado y tibio después de mirarme con amor, limpiando mi cabeza calva, mientras con jabón de margaritas se logran diminutas burbujas que flotan en la piel que unía el brazo izquierdo con mí hombro que ya no le extraña.

Fueron mis labios y dientes los que pagaban alquiler de esa cama, la cama que resultó destruida por todos los hombres. Llevo puesta una blusa que tiene una bolsa cosida al pecho al lado izquierdo, sujeta con hilo rojo, el hilo colgaba de mi meñique, el que vivía en la mano que sabía escribir, esa mano charlaba con el brazo que perdí; de regreso a la bolsa (aún conservo la memoria), guardo en ella el último gis, dibujo en la banqueta, en una esquina desconocida el bebeleche, para iniciar al revés y así terminar en “1”.

Somos los que pintamos con gises las banquetas, para encontrarnos en solitario, para no parecer perdidos.

Fotografía por Tatjana Suski? Ninkovi?

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Sección: Inside
Miriam Carreón Zoeller

Mi cuerpo joven conoció tu sexo, te hice con mi sexo, fuiste buena y el anciano que soy se congeló mientras contaba historias de victorias pasadas para hacerte dormir. Macarena eres la suerte que voy a fracasar 20 veces más, quiero bordar flores a tu corazón, ahora que soy como un ciego que hace malabares con aguja, hilo y dedal.