¿En qué piezas o proyectos has estado trabajando últimamente?
En mis últimos viajes he estado haciendo retratos de personas desconocidas. No es tanto el retrato documental clásico; más bien, intento crear una escena dentro de un entorno que ya existe. Me interesa jugar con la idea de descontextualizar la realidad sin cambiarla por completo.

A veces llevo conmigo algunos props o prendas que me ayudan a construir ese ambiente medio onírico, pero también me gusta que todo siga sintiéndose real, como si simplemente hubieras prestado más atención a algo que ya estaba ahí.

¿Qué aprendiste (o desaprendiste) mientras trabajabas en ello?
Ha sido un ejercicio muy fuerte para perderle el miedo a la gente. Todavía me da pena acercarme y decir: “Hola, soy fotógrafa, me gustaría tomarte unas fotos”. No es algo que haga con total seguridad. Pero aun así lo hago, aunque sea con nervio, y me ha sorprendido muchísimo que la mayoría de las veces la gente dice que sí.

Creo que eso me cambió más allá de la fotografía. Me hizo entender que muchas cosas no pasan porque no damos ese paso incómodo de acercarnos. Si no te presentas, si no te expones un poquito, es muy difícil que las oportunidades lleguen solas.

¿Qué palabras, ideas o emociones te rondaban la cabeza?
Esta idea de transformar la realidad en algo que se sienta como un sueño, pero no desde el escape, sino desde estar muy presente.

Siento que hoy en día lo digital nos lleva mucho a desconectarnos y a meternos en una realidad aspiracional que no es tan real. Y a mí me interesa lo contrario: observar tanto lo que está pasando que empiecen a aparecer cosas mágicas en lo cotidiano.

Me gusta pensar que lo que ya existe puede volverse especial si lo miras distinto, y que las personas, incluso en su forma más simple o cotidiana, son súper enigmáticas y bonitas sin necesidad de un gran montaje.

¿Hubo alguna conversación, película, música o libro que se haya colado en ese trabajo?
Sí, definitivamente. Poor Things me encanta, y en general el trabajo de Yorgos Lanthimos, porque logra que lo extraño o lo fantástico se sienta completamente normal. También Labyrinth, que tiene esa misma sensación.

Y en libros, todo lo relacionado con el realismo mágico me influye mucho. Aura y El murmullo de las abejas son de esos libros que me hacen pensar en cómo mezclar lo real con algo que no esperas.

¿Qué fue lo más difícil que has enfrentado últimamente en tu proceso creativo?
La realidad, la verdad. Soy bastante sensible a todo lo que pasa y a las noticias, y a veces sí me afecta.

Por un lado, me encanta el mundo y me parecen fascinantes las personas, pero al mismo tiempo me cuesta ver todo lo que somos capaces de hacer. Siento que estoy constantemente entre esa admiración y esa decepción, y eso también se mete en mi forma de trabajar.

¿Cuál es tu cafetería favorita y por qué te gusta ir ahí?
Black Honey Coffee Co. porque es un lugar donde puedo estar cómoda. Los asientos están bien, la música no estorba y puedo sentarme a leer o pensar un rato sin sentir prisa.

Si este mes tu vida fuera una película, ¿qué título tendría y quién haría el soundtrack?
Título: Cocoon
Soundtrack: Lorde

¿Con qué estudios, laboratorios o talleres has colaborado recientemente o te gustaría hacerlo en un futuro?
Siempre he revelado con Bengala Film Lab y me gusta mucho cómo trabajan, pero sí me interesa empezar a probar otros labs que han abierto recientemente, para conocer también otras formas de trabajo y distintos resultados.

Recomiéndanos uno o más artistas que sigas, que te inspiren, y dinos qué es lo que más te gusta de su trabajo o de su forma de trabajar.
Me gusta mucho el trabajo de Lulu Aguilar y Tamara Fox, sobre todo por cómo trabajan desde el female gaze; se siente muy íntimo y honesto.

Y en pintura, Claude Monet. Me encanta su paleta. Siento que todo se vuelve muy suave, como si estuvieras dentro de una nube y desde ahí arriba todo se viera ligeramente borroso.