Ciénega de ignavia

En el resguardo de este ambiente oscuro y tibio,
cierro mis ojos y una densa niebla cubre el camino de mis decisiones.
La respiración se condensa en cada exhalación en un vaho de amaneceres nublados.

Mi cuerpo se dispersa entre el fango de un río estancado por mis emociones;
en este embalse de impetuosa pereza donde nada fluye.
Espero inmóvil a que esta red de raíces lleguen al fondo de mis pensamientos,
paralizando cada nervio que se encuentre en ese sistema casi inerte.

Mis pies se estancan en este pantano de quietud.
Las manecillas del reloj se detienen, permitiéndome mover los dedos
para enunciar palabra alguna cuando mi apatía se disfraza de serenidad.
Entre intentos de versos mi cuerpo espera a que el efecto de arena movediza
no consuma la poca energía que éste alberga.

El deseo de ternura para los fraccionados.
Un soplo de vida para los mentalmente desahuciados.
El mundo es capaz de detenerse si un puro de corazón toca a un contrito.
Aquel que alguna vez siendo completado, el libre albedrío forzó a destrozarlo.

La calma antes de la tormenta se ha extendido.
El intervalo indeterminado donde solo aguardo
que las esporas de mi esencia se hayan esparcido.

Fotografía por Santo

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