¿Cómo nació este local y qué lo hizo diferente desde el principio?
La idea de Casa Senda nació aproximadamente hace nueve años en un viaje a un pequeño pueblo de Francia, pero se materializó hace dos meses en el centro de Guadalupe, Zacatecas.

En la búsqueda del espacio perfecto, encontramos una casona recién restaurada, perfecta para seguir albergando historias. El lugar es nuestro principal distintivo, pues nos encontramos dentro de una casona que aún guarda su pared de cantera y sus techos de viga, diseñada con la intención de encontrar paz en cada taza de café; creada para aquellos que han perdido su camino, de aquí nuestro nombre.

¿Qué parte del día, del espacio o del proceso creativo disfrutan más quienes trabajan aquí?
Lo que más disfrutamos de trabajar en Casa Senda es tener la oportunidad de platicar con quienes nos visitan, y generar una conexión entre las bebidas y cada uno de ellos. Disfrutamos ese momento en el que una bebida se convierte en algo especial antes de entregarla, pues creemos que cada taza guarda una historia.

Si alguien entra por primera vez, ¿qué es lo que no debería perderse?
La oportunidad de tomar la bebida en el lugar. Al crear Casa Senda nos preocupamos porque el espacio fuera único, que reflejara la esencia del lugar y la comodidad del hogar.

¿Cuál ha sido un desafío interesante que los haya hecho replantearse algo sobre el proyecto?
Definitivamente el proceso de construcción y resignificación del espacio. Remodelar una casa con tanta historia implicó dialogar con su memoria, y entender que no estábamos diseñando desde cero, sino sobre capas de tiempo. El reto no fue solo arquitectónico, sino también cultural, pues intentamos conservar la esencia de una casona antigua, entender su espacio y, al mismo tiempo, adaptarla a nuestra realidad.

Fue un ejercicio de equilibrio entre tradición y presente, entre preservar y transformar, procurando que el espacio siguiera contando su historia mientras abría lugar a nuevas experiencias.

¿Qué influencia, idea o referencia sigue guiando lo que hacen hoy?
La principal inspiración fueron los pequeños cafés de un pueblo llamado Montpellier, a seis horas en tren de la capital francesa. Tuve la oportunidad de visitarlos en un intercambio escolar. Estos me enseñaron que es posible encontrar un hogar, a pesar de estar a kilómetros de distancia.

¿Qué lugar, proyecto o persona los ha inspirado últimamente y por qué?
Últimamente nos hemos inspirado en la propia comunidad que se ha ido formando alrededor de Casa Senda. Más que un proyecto en específico, son las personas que habitan el espacio: quienes llegan a leer, pintar, platicar, o simplemente a reencontrarse.

Nos inspira ver cómo cada quien resignifica el lugar desde su propia historia. También seguimos encontrando inspiración en los pequeños cafés de barrio —como aquellos que conocimos en Montpellier— donde el tiempo parece transcurrir distinto y lo cotidiano se vuelve ritual. Nos recuerdan que un café puede ser más que una bebida, y convertirse en refugio y punto de partida.

¿Hay algún objeto, rincón o detalle del lugar que tenga una historia que pocos conocen?
La pared de cantera y el techo de viga. Son los que han acompañado esta casona durante todas sus transformaciones, son símbolo de estructura y fortaleza; además, la cantera es la esencia de la ciudad.

Si este proyecto fuera una ciudad, un libro o un disco, ¿cuál sería y por qué?
Sería El alquimista de Paulo Coelho. Nos identificamos con la idea de que perderse también forma parte del camino y de que cada búsqueda exterior es, en el fondo, un viaje hacia ti mismo.

Casa Senda nace de esa noción: entender que los trayectos —físicos y emocionales— nos transforman y que, a veces, necesitamos detenernos para escuchar las señales. Como en la novela, creemos que el verdadero tesoro no está en el destino final, sino en lo que descubrimos mientras lo caminamos.

Respuestas por Vero Rosales y Gus Coronado de Casa Senda