Bardas

Tenía mil pretextos

Tenía… tengo… mil más pretextos y excusas, escudos y tácticas de escapismo.

Sabes que siempre fui muy buena soltando cadenas, brincando bardas. Saliendo de los cuartos rotos y enfermos que aprisionaban o al menos así lo sentía yo, mi manera de volar…

Siempre huía y huía, y me buscabas y me encontrabas, me aprisionabas y me quedaba. Me quedaba hasta que el humo y la bruma me asfixiaban de nuevo… y era entonces cuando venia a mi la locura de libertad, de escapar, de huir. Pero siempre me buscabas… me encontrabas…

Fue así al principio recuerdas?

Hasta que un día logramos hacer puertas y ventanas, y tumbamos uno de los cuatro muros, y ya no hacia calor y cuando hacia frío me abrazabas… y ya no había manera de encerrarnos en la bruma, ni había prisión, ni cadenas.

Fue entonces que comenzamos a plantar arboles y raíces, y había peces y frutas y me abrazabas, y me buscabas… y siempre siempre me encontrabas.

Fue así mas o menos cuando convertimos cuatro bardas en un montón de días juntos, que no tenían ni paredes ni remordimientos ni necesidad de explicarse, fue así… hasta que un día te vi ya sin el uniforme de quererme, ese que te ponías por gusto. Fue entonces cuando no hubo más peces, ni fruta, ni raíces… fue ahí cuando aprendiste de mi, de mis pretextos, de mis excusas y aun sin paredes creaste un muro… enorme!

Y me dejaste ahí… del otro lado, y te llevaste mis pretextos.

Y entonces aprendí, siempre a la mala que uno debe tener la cabeza bien arriba, para no dejar que la barda suba… para ver lo que hay del otro lado, para que no haya excusas…

Tenías mil pretextos… tenías… tienes…

Fotografía: Michelle Owen

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