Foreste

¿Cómo nació este local y qué lo hizo diferente desde el principio?
Forestecafé nació en medio de mucha incertidumbre y burocracia, pero con una idea muy clara: hacer las cosas bien desde el inicio. Mientras muchos buscaban lo práctico, nosotros decidimos construir bases sólidas y cumplir con cada requisito para ofrecer algo que en ese momento no existía en la ciudad: café bien hecho.

Empezamos en bazares de forma ocasional y después logramos instalarnos en un remolque donde todo estaba en contra: el calor, la lluvia, la inseguridad y hasta la percepción de la gente por estar al borde de la banqueta. Pero nunca fue opción bajar el estándar.

Creo que lo que realmente nos hizo diferentes desde el principio fue la forma de trabajar: con rigor, disciplina y una atención muy alta al detalle. No improvisamos. Construimos un estándar desde el día uno, no solo en el café, sino en todo lo que lo acompaña, como el desarrollo de nuestra línea de postres con mApLE.

Hoy seguimos en construcción. Aún no estamos donde queremos llegar, pero el estándar ya está definido. Y este espacio, aunque pequeño, es la prueba de que lo que empezó como una idea hoy ya es una realidad.

¿Qué parte del día, del espacio o del proceso creativo disfrutan más quienes trabajan aquí?
Algo en lo que coincidimos todos es que aquí se disfruta mucho el proceso detrás: desde que llega un café de un productor nuevo, calibrar el molino, ajustar recetas y cuidar esos pequeños detalles que el cliente no siempre ve, pero que hacen toda la diferencia.

También disfrutamos mucho el ritmo del servicio cuando todo fluye. Cuando estamos coordinados, cada quien en su rol y el estándar se mantiene incluso bajo presión, ahí es donde realmente se siente lo que hemos construido.

Si alguien entra por primera vez, ¿qué es lo que no debería perderse?
En Foreste tenemos muy claras dos bases que forman parte de nuestra cultura: la hospitalidad y la experiencia sensorial.

Por un lado, está el trato al cliente. El saludo inicial y el interés genuino por entender qué busca cada persona son fundamentales para conectar y poder guiar mejor su experiencia. Muchas veces, el café es solo el pretexto.

Por otro lado, está lo que llega a la mesa. Un café bien ejecutado y un postre bien hecho, como los que desarrollamos con Maple, terminan de construir una experiencia completa.

¿Cuál ha sido un desafío interesante que los haya hecho replantearse algo sobre el proyecto?
Un reto importante fue operar en un espacio con muchas limitaciones, como el remolque. Eso nos obligó a replantear si podíamos mantener nuestro estándar en esas condiciones.

La conclusión fue clara: el estándar no depende del espacio, sino de la disciplina. Ajustamos procesos y eso terminó definiendo mucho de lo que somos hoy.

¿Qué influencia, idea o referencia sigue guiando lo que hacen hoy?
Más que una sola referencia, lo que nos sigue guiando es una idea muy clara: hacer las cosas bien y con intención.

Tomamos mucha influencia de la cultura del café de especialidad, donde el proceso, el origen y el respeto por el producto son fundamentales. Pero también de algo más cotidiano: la hospitalidad bien entendida, ese interés genuino por quien está del otro lado de la barra.

Hoy, lo que guía lo que hacemos es esa combinación entre un estándar técnico alto y una experiencia humana real. Todo lo que desarrollamos, desde el café hasta propuestas como mApLE, pasa por ese mismo filtro.

¿Qué lugar, proyecto o persona los ha inspirado últimamente y por qué?
Al inicio, alguien que nos inspiró mucho fue Enrique López, por la forma en la que decidió profundizar en los procesos del café desde la finca y enfocarse en elevar su calidad. Ese interés por entender el origen y trabajar desde ahí marcó mucho mi forma de ver el café.

Más recientemente, nos ha inspirado mucho el talento de baristas mexicanas que han destacado en competencias, por su disciplina, consistencia y nivel técnico. Ver ese tipo de desempeño, incluso a nivel internacional, refuerza la idea de que el estándar puede ser muy alto si se trabaja con intención.

También valoramos profundamente el trabajo de quienes están detrás de cada etapa del café, desde el campo, el tueste y la cata, porque son quienes hacen posible los estándares que hoy buscamos.

Si su espacio pudiera invitar a alguien a colaborar por un día, ¿quién sería y qué harían juntos?
Invitaríamos a Enrique López y a Jesús Salazar, por su enfoque en el trabajo desde la finca y el origen; a Alejandra Lugo, quien ha sido un pilar en nuestra formación en métodos de extracción; y también a Fabiano Pellizzari, por su enfoque en la evaluación en taza.

También sumaríamos a Jenny Borrego, por su nivel técnico y ejecución en barra, respaldados por su posicionamiento dentro del top mundial de baristas.

Creemos que juntos podrían generarse sesiones de cata y calibración, además de espacios abiertos para compartir conocimiento y fortalecer la cultura del café en esta zona de Veracruz.

¿Hay algún objeto, rincón o detalle del lugar que tenga una historia que pocos conocen?
Sí. Hay varios objetos que para nosotros tienen mucho significado, pero probablemente los más especiales son una Chemex y un V60 que nos acompañan desde que Foreste era solo una idea y no una realidad.

Lo interesante es que no están guardados como recuerdo; todavía siguen en funcionamiento dentro de la barra. Para muchas personas pueden parecer solo herramientas, pero para nosotros representan la etapa donde todo comenzó y donde aprendimos a construir desde lo esencial.

Creemos que conservarlos también es una forma de no perder de vista de dónde venimos.

Si este proyecto fuera una ciudad, un libro o un disco, ¿cuál sería y por qué?
Definitivamente sería una ciudad pequeña, tranquila y con mucha identidad. De esas donde los detalles importan, donde la gente todavía se toma el tiempo de conversar y donde cada espacio tiene algo de historia.

No sería una ciudad acelerada ni pretenciosa, sino una que invita a quedarse, a disfrutar el proceso y conectar. Porque al final, eso es mucho de lo que buscamos construir aquí.

Respuestas por Gerardo Sánchez Barragán, Head Barista y Dueño de Foreste.