¿Cómo nació este local y qué lo hizo diferente desde el principio?
Cálido Amor nace de la combinación, tanto en estructura como en sensaciones, de otra cafetería ubicada en la misma ciudad: Cálido Café & Pan, y de una florería llamada Amor Febrero Atelier Floral. El concepto parte de texturas románticas y amaderadas, de la nostalgia de paredes antiguas y de una intención clara de preservar el romance que permanece. Decidimos romantizar la experiencia de la cafetería a través de flores, arte, música y una sensación de viaje en el tiempo.

¿Qué parte del día, del espacio o del proceso creativo disfrutan más quienes trabajan aquí?
Creemos en el orden de las cosas: la colocación de flores frescas en las mesas como centro visual, la calibración precisa del espresso y la importancia de una buena charla. Parte de nuestro concepto es que la barra sea un espacio conversacional, creado con el propósito de coincidir, conocernos y formar una “comunidad romántica empedernida”.

Si alguien entra por primera vez, ¿qué es lo que no debería perderse?
La armonía de los espacios pensados como refugios para una fotografía nostálgica.

¿Cuál ha sido un desafío interesante que los haya hecho replantearse algo sobre el proyecto?
El desafío que sentimos es construir una cafetería con el propósito de acercar a las personas a las flores, al arte y a la desconexión consciente. Un espacio que invite a hacer una pausa y disfrutar un café en medio del ruido de la ciudad y de la situación actual.

¿Qué influencia, idea o referencia sigue guiando lo que hacen hoy?
La pausa. La desconexión de lo habitual, del ruido y de lo pesado. Tratamos de generar empatía con las emociones de las personas ofreciendo un espacio distinto y armónico, desde el aroma, lo visual, la conversación o la serenidad, así como bebidas acordes con la intención de regalarse un momento para uno mismo.

¿Qué lugar, proyecto o persona los ha inspirado últimamente y por qué?
En gran parte, Cálido Amor nace del sueño de la creadora de Amor Febrero. Desde que pudo, comenzó con lo que tenía para desarrollar su proyecto de diseño y arte floral. La estética que imagina la organiza y proyecta hasta hacerla realidad. Su estilo romántico, vintage y elegante también se refleja en su vida diaria. Su nombre es Joselyn Taydé.

Si su espacio pudiera invitar a alguien a colaborar por un día, ¿quién sería y qué harían juntos?
Hemos colaborado con floristas y artistas de latte art, pero también tenemos apertura para generar experiencias de mindfulness a través de la florería, así como charlas, talleres psicológicos, pintura en lienzo, cerámica o presentaciones musicales de jazz y blues.

¿Hay algún objeto, rincón o detalle del lugar que tenga una historia que pocos conocen?
Un objeto que apreciamos profundamente y que genera un efecto tanto estimulante como armónico es el tocadiscos. Muchas personas no dimensionan la oportunidad que tienen de compartir su música con la comunidad, pero aquí pueden traer sus propios vinilos y hacerlos sonar durante su estancia.

Si este proyecto fuera una ciudad, un libro o un disco, ¿cuál sería y por qué?
Si fuera una ciudad: Annecy, Francia. Annecy, conocida como “la Venecia de los Alpes”, se distingue por sus canales rodeados de flores, sus fachadas en tonos pastel y una atmósfera donde el tiempo parece detenerse. ¿Por qué? Porque, al igual que este proyecto, transmite una belleza romántica y delicada que no se siente pretenciosa, sino profundamente acogedora. Es el tipo de lugar donde uno camina sin prisa, disfrutando de los pequeños detalles y del aroma a pan recién horneado que sale de las cafeterías.

Si fuera un libro: El jardín secreto, de Frances Hodgson Burnett. Especialmente una edición de lujo, con ilustraciones botánicas y páginas con textura. ¿Por qué? Porque habla de sanación, crecimiento y de la calidez que se encuentra en lo natural y en lo íntimo. La estética floral de la cafetería sugiere un refugio escondido del mundo exterior, donde el alma encuentra consuelo a través de los pequeños placeres y de la belleza cotidiana.

Si fuera un disco: Lady in Satin, de Billie Holiday. Aunque es un disco melancólico, captura una textura aterciopelada y vintage. La voz de Billie Holiday tiene una calidez desgastada que recuerda a un café servido en una taza de porcelana antigua, con los bordes dorados ligeramente despintados. También podría ser la canción Dream a Little Dream of Me, de Ella Fitzgerald y Louis Armstrong. La voz de Ella transmite calidez, mientras que la trompeta de Louis aporta una especie de miel sonora. Es una canción que acompaña el silencio de un club de lectura o de una conversación íntima sin interrumpirlo. ¿Por qué? Porque toda esa calidez acústica combina perfectamente con la esencia de Cálido Amor: sonidos de madera, cuerdas suaves y letras que celebran el amor, el cuidado y las raíces. Es música que abraza, tal como se percibe la intención de este espacio.