¿Cómo nació Padre Café y qué lo hizo diferente desde el principio?
Padre Café
habitó en nuestra mente durante años, pero fue en 2025 cuando el azar, el destino y —como decía mi padre— ‘un muchito de decisión’, lo materializaron. Lo que nos distingue es nuestra esencia de puente: no solo servimos café, sino que conectamos la riqueza de los territorios cafetaleros mexicanos directamente con el cliente final. Somos un espacio donde la trazabilidad tiene rostro humano y cada taza es un pacto de respeto con las familias productoras.

¿Qué parte del día, del espacio o del proceso creativo disfrutan más quienes trabajan en Padre Café?
El momento cumbre es la transmisión del propósito. Disfrutamos el instante en que el cliente deja de ser un espectador para convertirse en parte de nuestra comunidad. Ver cómo ‘enganchan’ con la historia detrás del grano y entender que son el último eslabón de una cadena de valor justa, es nuestra mayor satisfacción creativa.

Si alguien entra por primera vez, ¿qué es lo que no debería perderse?
Debe permitirse un viaje sensorial completo: la precisión de un filtrado artesanal, el carácter de nuestras bebidas de autor y, sobre todo, el proceso del tostado de café. Es ahí donde el grano revela su alma y el aroma de San Ángel se transforma.

¿Cual ha sido un desafío interesante que les haya hecho replantearse algo sobre el proyecto?
Navegar un mercado que muta a gran velocidad. Este dinamismo nos ha obligado a no ser solo una barra de café, sino un ente creativo que debe sorprender en cada visita. El reto ha sido mantener nuestra raíz firme mientras innovamos en la forma de construir comunidad en un entorno digital y físico tan competitivo.

¿Qué influencia, idea o referencia sigue guiando lo que hacen hoy?
Nuestra brújula es el ejercicio de una cafeticultura justa e incluyente que heredamos de nuestro fundador. Nos sigue inspirando el espíritu de los años setentas del antiguo Instituto Mexicano del Café y sus espacios de ‘Café y Arte’, que celebraban la cultura del territorio cafetalero. Tras llevar esa esencia a Monterrey en el año 93, hoy la reinventamos en San Ángel: un concepto fresco que honra la tradición sin dejar de mirar al futuro.

¿Qué lugar o proyecto los ha inspirado últimamente y por qué?
Nos inspira profundamente la organización Vida AC y su marca Femcafé en Ixhuatlán del Café, Veracruz. Son un ejemplo vivo de economía social y solidaria  enfocada en la vida. Su capacidad para dignificar el trabajo de las mujeres y las familias en el campo, bajo un esquema de sostenibilidad real, es el espejo donde queremos vernos reflejados como colectivos.

Si su espacio pudiera invitar a alguien a colaborar por un día, ¿quién sería y qué harían juntos?
Llenaríamos el espacio de vida: familias productoras, mujeres cafetaleras, jóvenes entusiastas y los ‘viejos sabios’ del campo. Juntos, borraríamos las distancias geográficas para intercambiar anécdotas y sueños con quienes disfrutan el café cada mañana. Sería un diálogo entre el campo y la ciudad.

¿Hay algún objeto, rincón o detalle del lugar que tenga una historia que pocas personas conocen?
Los dinteles de nuestra barra y el área de tostado custodian una joya: cuadros que narran la llegada del Café a México. Estas piezas formaron parte del libro “El Café de México”. Además, nos enorgullece resguardar una réplica de la escultura “El Cafetalero” del Maestro Julian Martínez Soros, la imagen definitiva del cafetalero veracruzano; un detalle que pocos notan a primera vista pero que sostiene la mística del lugar.

Si Padre Café fuera una ciudad, un libro o un disco, ¿cuál sería y por qué?
Si fuera ciudad, sería Ixhuatlán del Café o Coatepec: lugares que no solo producen café, sino que están construidos de él. Si fuera un libro, sería “El hombre en busca de sentido” de Viktor Frankl porque creemos que la vida (y el café) cobran su mayor fuerza cuando encontramos un propósito y trabajamos para alcanzarlo.

Respuestas por Rosa Elena Cantú Cantú, socia gerente en Padre Café.