Un lugar al que volver

¿En qué piezas o proyectos has estado trabajando últimamente?
Últimamente me he estado dedicando sobre todo a la fotografía analógica, porque creo que en ella existe una magia que lo digital no puede reproducir. Me gusta trabajar con el error, con el tiempo y con el azar ;procesos más lentos y experimentales, donde cada imagen se convierte casi en un acontecimiento.

He estado explorando mucho el autorretrato como una forma de investigación interior. En series como Vortex, utilizo mi propio cuerpo y rostro para entrar en contacto con cuestiones que habitan dentro de mí y que, muchas veces, ni yo misma conocía. El proceso implica una desconstrucción literal: manipulo físicamente las imágenes como si estuviera tocando mi propia identidad, en un intento de encontrar respuestas para emociones que no saben expresarse con palabras. Para mí, fotografiar no es solo crear imágenes: es un gesto de escucha, una forma de acercarme a lo frágil, a lo confuso y a lo profundamente humano.

¿Qué aprendiste (o desaprendiste) mientras trabajabas en ello?
Aprendí a confiar más en el proceso que en el resultado. La fotografía analógica me obligó a aceptar la espera, el error y la incertidumbre, y eso también terminó reflejándose en mí. Desaprendí la necesidad de controlarlo todo y de saber exactamente qué estoy creando antes de crearlo. Me di cuenta de que muchas veces es en el azar, en las fallas y en las imperfecciones donde aparecen las imágenes más verdaderas.

¿Qué palabras, ideas o emociones te rondaban la cabeza?
Nostalgia, vulnerabilidad, identidad, silencio, memoria, deseo. Pensaba mucho en cómo ciertas emociones quedan atrapadas en pequeños gestos, en fragmentos, en cosas casi invisibles. Había una necesidad constante de acercarme a lo íntimo y lo frágil, de tocar aquello que normalmente escondemos.

¿Hubo alguna conversación, película, música o libro que se haya colado en ese trabajo?
No siempre puedo señalar una referencia concreta, porque siento que todo lo que me rodea acaba influyendo en mi trabajo: las conversaciones, los lugares, las personas, el silencio. Hubo una época en la que veía muchas películas antiguas —todavía lo hago— y una de las que más me marcó fue Wild Strawberries, de Ingmar Bergman. Me gusta ese tipo de cine introspectivo, donde el tiempo, la memoria y la existencia se confunden. En cuanto a la música, me considero bastante ecléctica, pero en el fondo es el arte, en todas sus formas, lo que me influye: el arte crea un estado emocional y a partir de ahí las cosas fluyen.

¿Qué fue lo más difícil que has enfrentado últimamente en tu proceso creativo?
Lo más difícil ha sido confiar en mi propia intuición y en mí. No perderme en la comparación ni en la expectativa de cómo va a salir la fotografía. Permitirme crear a partir de lo que siento, incluso cuando es confuso o frágil, sin necesidad de justificarlo, simplemente existir.

¿Cuál es tu restaurante favorito y qué nos recomiendas pedir?
Me gustan más los lugares pequeños y acogedores que los restaurantes específicos. Espacios donde se puede pasar horas en la mesa, conversando y observando a la gente. Si tuviera que recomendar algo, sería una comida sencilla: una buena pasta, pan caliente, porque comer también es una forma de crear recuerdos y conocer nuevas culturas.

Si este mes tu vida fuera una película, ¿qué título tendría y quién haría el soundtrack?
Un lugar al que volver con Thom Yorke y Dawn Chorus en el soundtrack.

Recomiéndanos uno o más artistas que sigas, que te inspiren, y dinos qué es lo que más te gusta de su trabajo o de su forma de trabajar.
Me inspiran mucho artistas como Andrei Tarkovsky e Ingmar Bergman, por la forma en que utilizan el tiempo, el silencio y la introspección para hablar de la existencia humana. Me gusta cómo sus obras se sienten más como estados de ánimo que como narrativas.

Helena Almeida, artista portuguesa, me inspira por la relación entre el cuerpo, la imagen y la identidad, y por la forma en que transforma el autorretrato en un gesto casi performativo y existencial.

António Variações, músico portugués, me inspira por haber sido alguien adelantado a su tiempo, por el valor de ser diferente y por la manera en que convirtió su propia identidad en una obra.