Los nombres de mi padre

¿Cómo nació la idea de este libro?
Nació de la idea de un personaje (Camilo) que emprende una investigación en torno a un amigo de sus padres desaparecido hace muchos años (Miguel Carnero). También nació de una curiosidad por reconstruir la historia del proyecto original de Ciudad Satélite, al norte de la CDMX. Y en cierto sentido también nació del hecho de que mi padre se estaba muriendo en Veracruz cuando empecé a escribirlo, y yo me tuve que mudar a Nueva York por una beca.

¿Qué descubriste en el proceso de escribirlo que no imaginabas al inicio?
Descubrí que al menos 3500 casas de Ciudad Satélite, Fuentes de Satélite y Cuauhtitlán Izcalli, en el Estado de México, fueron construidas por un antiguo nazi que también construyó túneles subterráneos, fábricas y un crematorio para el Tercer Reich durante la Segunda Guerra Mundial.

¿Qué partes tuvieron que quedarse fuera para que el libro quedara como está?
Hice mucha investigación durante nueve meses en la New York Public Library, con una beca de dicha institución. Durante un tiempo, tomé muchos apuntes sobre J. Posadas, un antiguo trotskista argentino que creía que los aliens iban a llegar a ayudarnos a alcanzar el paraíso obrero. Al final no usé nada de eso, aunque leí todos sus discursos.

¿Qué conversaciones, lecturas, imágenes o sonidos se cruzaron en la escritura de este libro?
Leí bastante sobre historia de las ciudades utópicas, desde Platón hasta Niemeyer. Me encantaron los proyectos de un tipo llamado Buckminster Fuller, que imaginó una ciudad flotante contenida dentro de una cúpula geodésica que recorrería el mundo entero impulsada por aire caliente, Cloud 9. Esa imagen me acompañó aunque no esté en el libro. También las conversaciones que tuve con los becarios del Cullman Center en la NYPL, y con algunos de los bibliotecarios de ahí. A veces me iba a la sala de mapas de la biblioteca y me pasaba un rato viendo mapas antiguos de la Ciudad de México, a modo de inspiración. Sonidos: el verano en que llegué a NY sonaba por todas partes Un verano sin ti, de Bad Bunny, así que eso está un poco ahí. También las canciones de protesta de León Chávez Teixeiro.

¿Hay una emoción o pregunta que lo atraviese de principio a fin?
Una emoción sería el duelo, o el duelo anticipado: la certeza de estar a punto de perder a un padre o una madre y no saber qué hacer con eso. 

¿Hubo un momento en el que sentiste que el libro cambió de rumbo?
Hubo varios. Lo reescribí todo un par de veces, cambiando la voz narrativa. Un cambio de rumbo importante fue cuando decidí el final, que se parece poco a los finales de mis libros anteriores.

¿Cómo cambió tu manera de leer o de mirar después de terminarlo?
Cambió mi forma de caminar las ciudades. Ahora hago caminatas rituales con mucha más intensión, como parte de mi proceso creativo. Creo que también me llevó a leer más teoría de nuevo: ahora estoy leyendo mucha teoría literaria francesa y cosas de filosofía y psicoanálisis que llevaba mucho tiempo sin revisitar.

¿Qué autorxs te inspiran últimamente y qué encuentras en su forma de escribir?
Me gustó mucho The Anthropologists, de Aysegül Savas, sobre todo por su forma de narrar relaciones de amor y de amistad en un contexto migratorio. Estoy muy clavado con Ricardo Piglia, como me pasa cada tanto, por su forma de reinventar el género policial usando la crítica y el ensayo. Y me inspira mucho mi pareja, la escritora Catherine Lacey, por la honestidad y la pasión que pone en su escritura.

¿Cuál es tu restaurante favorito y qué nos recomiendas pedir?
En el tianguis de los domingos de Obrero Mundial hay un puesto de tlacoyos y quesadillas, el que está más pegado a Amores. Los tlacoyos de haba de ese puesto son una de mis razones para seguir adelante. Si llegas temprano les pueden poner quelites.