¿En qué piezas o proyectos has estado trabajando últimamente?
Últimamente he estado más activo como director de fotografía para videos comerciales, videoclips musicales y de skate, y también trabajando en algunas cosas en Super 8. Aun así, no he dejado la fotografía analógica en standby: he reconectado con mi parte documental y he estado haciendo foto de calle en mis viajes de skate, principalmente para un proyecto que vengo desarrollando desde el año pasado entre México y Chile. También, hace poco, volví a hacer un par de shootings del lado editorial: uno con Janna, colaborando con sus makeups, y otro que surgió de una idea de Axel, uno de mis mejores amigos con quienes empecé en la fotografía.

¿Qué aprendiste (o desaprendiste) mientras trabajabas en ello?
Con estos proyectos podría decir que aprendí a observar de nuevo con calma, desde la curiosidad, la contemplación, el juego y el diálogo con el entorno y el contexto.

¿Qué palabras, ideas o emociones te rondaban la cabeza?
Ha estado mucho en mi cabeza un diálogo interno con mi yo de cuando empecé a hacer fotografía, en lograr un puente entre lo que me motivaba a crear entonces y lo que ahora me motiva; en experimentar y explorar como al inicio, pues aún siento esa emoción al tomar la cámara y salir a la calle sin saber qué encontraré.

¿Hubo alguna conversación, película, música o libro que se haya colado en ese trabajo?
Hablando del proyecto México/Chile, y aclarando que allí surgieron dos: uno es el montaje de skate y el otro un documental de paralelismos entre ambos países. Comenzando por el documental, fue una residencia de cine experimental la que me hizo coincidir con más personas en un sentir y hacer más cercano a la resistencia y disidencia en el crear y acompañarnos, encontrando similitudes en lo que nos mueve y nos aqueja. Uno de los temas eran los desaparecidos; por otro lado, el derecho al ocio.

En cuanto al montaje de skate, sigue rondando mucho en mi cabeza un video llamado Mindfield y la película La Haine, que sigo viendo de vez en cuando. También permanece el sentimiento de saberme bien recibido en otro extremo del planeta, teniendo una tabla en mano; aún siendo desconocidos, de un momento a otro se vuelven amigos.

¿Qué fue lo más difícil que has enfrentado últimamente en tu proceso creativo?
De lo más difícil que he encontrado últimamente es el tiempo. Hay que pagar rentas, pasear y cuidar de Nef (mi perrita), y cumplir con los deadlines de los trabajos audiovisuales que tengo ahora. Aunque todos sean freelance, se acumulan y muchas veces me resulta difícil hacerme del tiempo para proyectos creativos en los que tenga total libertad, sin pensar en los criterios de un cliente.

¿Cuál es tu restaurante favorito y qué nos recomiendas pedir?
Me gusta mucho ir a Vàlgame Deos, en Santa Tere. Llevo años yendo, y les recomiendo pedir el aguachile Mochom y, de postre, el pay de guayaba.

Si este mes tu vida fuera una película, ¿qué título tendría y quién haría el soundtrack?
Camino del fénix, y el soundtrack lo haría mi carnal Nirl Cano.

Recomiéndanos uno o más artistas que sigas, que te inspiren, y dinos qué es lo que más te gusta de su trabajo o de su forma de trabajar.
Andrea Arnold, por su manera de narrar y de poder ver lo bello y humano en el dolor y la decadencia.

Duane Michals, desde que conocí su trabajo, me gusta revisitarlo por su diálogo interno que es un ir y venir, y por la forma de aterrizar ideas en algo visual.

Ben Thouard, por su capacidad de seguir explorando un mismo contexto creando infinitas posibilidades, desde lo micro en texturas hasta lo macro.