¿En qué piezas o proyectos has estado trabajando últimamente?
En los últimos meses, mi práctica se ha desplazado hacia una relación más lenta y consciente con la fotografía. Me he enfocado en el revelado y la ampliación de mis negativos, en la creación de hojas de contacto y en el ejercicio de observar mis fotografías con mayor atención, intentando comprenderlas más allá del instante en que fueron tomadas.

Mi proceso comienza en un concierto o en la calle, en el acto de caminar y observar. Paso horas fotografiando a las personas en diferentes espacios, entendiendo la toma no como un fin, sino como el punto de partida de un proceso más amplio. Fue a partir de un proyecto reciente de desarrollo de portadas para varios sencillos y un álbum que empecé a cuestionar con mayor profundidad mi relación con la luz y su papel dentro de una narrativa cinematográfica. Esta inquietud me llevó a replantear la idea de autoría y a entender que la foto no se acaba en el momento del disparo, sino en el diálogo posterior con el negativo.

Paralelamente, he iniciado un acercamiento documental a personas que han dedicado su vida a un oficio ejercido desde la pasión y la repetición. En este contexto conocí a Lee Miller, uno de los últimos artesanos en Austin, Texas, que continúa fabricando botas a mano siguiendo métodos tradicionales. Mi interés no se limita al registro del gesto técnico, sino a la construcción de una relación con la persona: la conversación, la escucha y el tiempo compartido se vuelven elementos fundamentales del acto fotográfico.

Para mí, la fotografía ocurre en ese encuentro. En la medida en que el otro se siente visto, escuchado y en calma, la imagen se vuelve más honesta. Mi trabajo busca habitar ese umbral entre lo documental y lo íntimo, donde la luz, el tiempo y la presencia construyen una narrativa silenciosa.

¿Qué aprendiste (o desaprendiste) mientras trabajabas en ello?
Aprendí a entender el trabajo en el cuarto oscuro como una extensión esencial de mi práctica y no como un paso técnico secundario. El revelado y la ampliación en blanco y negro se convirtieron en un espacio de edición, contemplación y toma de decisiones, donde la imagen se construye lentamente y adquiere su densidad emocional. También desaprendí la idea de que la fotografía se termina en el momento del disparo; comprendí que es en el tiempo, la pausa y el proceso donde la imagen termina de revelarse.

¿Qué palabras, ideas o emociones te rondaban la cabeza?
Dualidad, pausa, transformación y presencia. Había una sensación constante de estar habitando un punto intermedio: entre el impulso y la espera, entre lo intuitivo y lo consciente. También aparecía la nostalgia, no como algo fijo en el pasado, sino como una emoción que acompaña y da forma a la manera de mirar. La idea de la luz como lenguaje, del tiempo como materia y de la fotografía como un espacio para escuchar más que para imponer estuvieron muy presentes durante todo el proceso.

¿Hubo alguna conversación, película, música o libro que se haya colado en ese trabajo?
Sí. Durante este proceso estuve viendo muchas películas en blanco y negro, como Bay of Angels, The Girl with the Needle y Nouvelle Vague, así como la serie Ripley. Estas referencias se filtraron principalmente en la manera en que estoy estudiando más la luz y el contraste.
En lo musical, estuve escuchando mucho la música más reciente de Charlotte Day Wilson, que acompañó el proceso con una atmósfera íntima y contemplativa.

¿Qué fue lo más difícil que has enfrentado últimamente en tu proceso creativo?
Lo más difícil ha sido aceptar mis propios tiempos y sostener la pausa sin sentir culpa. En un momento en el que existe una presión constante por producir y mostrar resultados, he tenido que aprender a confiar en un proceso más lento, donde la observación, el silencio y la repetición también forman parte del trabajo. Entender que no siempre crear significa avanzar de forma visible, y que muchas veces el proceso creativo ocurre en la duda y la espera, ha sido uno de los mayores retos.

¿Cuál es tu restaurante favorito y qué nos recomiendas pedir?
La verdad es que soy muy fan de la comida asiática y casi siempre termino comiendo asiático. Para una cenita más tranquila, uno de mis favoritos es el shabu shabu de Yoshimi, pero también me encanta Yoru. Si se trata de algo más casual, definitivamente recomiendo el Korean BBQ de Goguinara en la Zona Rosa.

Si este mes tu vida fuera una película, ¿qué título tendría y quién haría el soundtrack?
Se llamaría El tiempo no avanza; se revela. El soundtrack lo haría Mica Levi.

Recomiéndanos uno o más artistas que sigas, que te inspiren, y dinos qué es lo que más te gusta de su trabajo o de su forma de trabajar.
Una fotógrafa que sigo es Emily Howe. Me gusta mucho su fotografía de calle en film, su forma de trabajar con Leica y la sensibilidad con la que selecciona el color, algo con lo que me siento muy identificada. También Noah Dillon.