Fotograma Film Lab

¿Cómo nació este local y qué lo hizo diferente desde el principio?
Fotograma Film Lab nació inspirado en algunos de los mejores laboratorios del mundo como Foto Hércules, Carmencita Film Lab, The Darkroom, The Find Lab, The Blackhole Lab, Lighthouse Film Lab, entre muchos otros. Nos cautivó la manera en la que trabajan y cómo representan el film no solo como un proceso técnico, sino como una forma de preservar la memoria y fortalecer la comunidad alrededor de la fotografía análoga.

Antes de abrir Fotograma, tuve la fortuna de aprender de cerca trabajando en Bengala Film Lab, experiencia que siempre recordaré con mucho agradecimiento. También fui cliente de todos los labs de Monterrey, y de cada uno me llevé lo mejor. Sumado a que ya realizaba por mi cuenta todo el proceso de revelado y escaneo, esos aprendizajes se convirtieron en la base sobre la cual nació la idea de Fotograma: un espacio que reúne y honra lo mejor de cada referencia para ponerlo al servicio de la comunidad.

Además, algo muy importante para nosotros desde el inicio ha sido la cultura de la cámara, inspirada en proyectos como Tokyo Camera Style, donde cada cámara cuenta una historia y se convierte en parte de la identidad de quien la usa. Entendimos que nuestro papel no solo era revelar rollos, sino darle valor a todo ese universo que rodea al film: las cámaras, los procesos, la comunidad y las experiencias detrás de cada fotografía.

Eso es lo que nos hizo diferentes desde el inicio: no solo ofrecer un servicio, sino crear un espacio donde cada rollo y cada cámara tienen un lugar, y donde cada persona que llega se siente parte de una comunidad análoga viva.

¿Qué parte del día, del espacio o del proceso creativo disfrutan más quienes trabajan aquí?
Coincidimos en que nuestro momento favorito es el escaneo en el Frontier. Es ahí donde los negativos se transforman en fotografías con toda su magia, color y sorpresas, y donde sentimos más de cerca la emoción de quienes confían en nosotros.

Si alguien entra por primera vez, ¿qué es lo que no debería perderse?
Definitivamente no debería perderse el Club Fotograma. Es un espacio que creamos para nuestra comunidad y que viene con varios beneficios pensados en acompañar a quienes revelan con nosotros. Más que un programa, es una forma de pertenecer y sentirse parte de la familia análoga de Fotograma.

¿Cuál ha sido un desafío interesante que los haya hecho replantearse algo sobre el proyecto?
Un desafío interesante han sido nuestros tiempos de entrega. Desde el inicio nos propusimos trabajar con una entrega regular de tres días hábiles, lo que nos convirtió en el laboratorio más rápido del norte. Al principio fue un reto mantener esa velocidad sin sacrificar calidad, pero justo ahí estuvo el aprendizaje: optimizar procesos, organizarnos mejor como equipo y encontrar un balance entre rapidez y excelencia.

Ese desafío, lejos de detenernos, nos impulsó a crecer. Hoy entendemos que la agilidad también puede ser una forma de cuidar a la comunidad, porque sabemos que la emoción de ver tus fotos no puede esperar demasiado.

¿Qué influencia, idea o referencia sigue guiando lo que hacen hoy?
Lo que nos sigue guiando hoy es la idea de que la fotografía análoga es comunidad. Todo lo que aprendimos de otros laboratorios y proyectos nos dejó una enseñanza clara: cada rollo es importante, pero lo es aún más la experiencia que vive la persona detrás de la cámara.

Por eso seguimos trabajando con esa misma convicción: mantener la calidad del servicio, cuidar los detalles, y al mismo tiempo fomentar la cultura de la cámara y la convivencia que se genera alrededor del film. Esa mezcla de inspiración y comunidad es lo que nos mueve todos los días.

¿Qué lugar, proyecto o persona los ha inspirado últimamente y por qué?
Últimamente nos ha inspirado mucho el proyecto de Nostos, que trabaja bodas en film con una aproximación poética y distinta. Nos gusta cómo logran darle un giro tan sensible y personal a un género que muchas veces se piensa solo desde lo documental. Ese tipo de propuestas nos recuerdan que la fotografía análoga sigue teniendo caminos nuevos por explorar y que siempre hay formas creativas de contar historias con rollo.

Si su espacio pudiera invitar a alguien a colaborar por un día, ¿quién sería y qué harían juntos?
Si nuestro espacio pudiera invitar a alguien a colaborar por un día, sería a Gabriel Moises Rivera. Nos encantaría organizar con él un taller de fotografía documental y ampliación, porque su mirada y forma de narrar con la cámara tiene mucho que aportar a la comunidad. Sería la combinación ideal: aprender de su experiencia y, al mismo tiempo, usar el laboratorio como un punto de encuentro para crear y reflexionar sobre lo que significa fotografiar desde lo cotidiano.

¿Hay algún objeto, rincón o detalle del lugar que tenga una historia que pocos conocen?
Un detalle que pocos conocen es que mucho del equipo con el que trabajamos proviene de laboratorios que ya no existen, tanto en México como en Estados Unidos y Corea del Sur. Cada máquina tiene su propia historia y, de alguna manera, sigue viva aquí en Fotograma. Nos gusta pensar que no solo revelamos rollos, sino que también damos continuidad a una tradición que podría haberse perdido.

Si este proyecto fuera una ciudad, un libro o un disco, ¿cuál sería y por qué?
Sería Endtroducing….. de DJ Shadow. Nos identificamos porque, así como el disco está hecho enteramente de samples, la fotografía análoga también se construye a partir de fragmentos: de luz, de memoria y de equipos que ya pasaron por otras manos antes de llegar a nosotros. Esa mezcla de historias y objetos que se reciclan y resignifican es justo lo que hace que cada rollo tenga una vibra única.

Respuestas por Oziel Treviño, fundador de Fotograma Film Lab