Esto no es “It was a good day” de Ice Cube

Solo dormí una hora y media, mi perro se levantó a las siete de la mañana y tuve que salir a pasearlo, durante la madrugada él ronco lo más que pudo mientras yo me movía por toda la cama sin poder lograr que mi cerebro cediera al sueño. Llegando a la casa decidió estar en su módulo de vigilancia, el cual es su sillón que esta junto a la ventana, mientras yo desayunaba la avena con plátano más triste que había visto en mucho tiempo con un té de hierbabuena, mientras veía algo en mi celular que no recuerdo que era. Termine de desayunar y lo único que quería era volver a mi cama, pero mi refrigerador estaba más vacío que mi mirada y tenía que dedicarme a cocinar, no podía gastar más dinero en pedidos de comida a domicilio, los ingredientes estaban ahí, llamándome a la vida adulta. Puse la música de “Nick Cave and The Bad Seeds” para motivarme en la cocina, empecé poco a poco y en tres parpadeos vi montañas de trastes sucios, había pasado una hora y sentí que toda la mañana se me fue en solo cocinar una sopa y hacer papas cambray, vi el reloj y apenas eran las once de la mañana. Mi cuerpo estaba en slow motion, decidí bañarme para poder mantenerme despierta, quería estar en mi cama a las seis de la tarde para poder descansar lo de ayer y lo de hoy.  

Mi perro decidió saltarse su desayuno y volver a dormir. Salí de bañarme y el frío del invierno erizo mi piel ayudándome a seguir despierta, escogí la ropa más holgada y cómoda que tengo. Mi perro seguía durmiendo como si flotara en una nube, con la postura más relajada mientras el sol le daba un agradable baño de luz y calor.  

Empecé a comer mientras toleraba el ruido de la maquinaria y de los albañiles que andan arreglando mi calle, era difícil concentrarse mientras veía “Seinfield” en mi celular. Cuando terminé mis alimentos, mi perro decidió levantarse y quería que jugara con él, le seguí la corriente ya que estos fríos me alejan de lavar los trastes con esa maldita agua fría. Jugamos un rato en el jardín y cuando volvimos a entrar a la casa por fin se comió su desayuno y yo decidí enfrentar a los trastes sucios, otra vez. Mi celular me demostró que nada importante estaba sucediendo, nada de llamadas ni mensajes. La pandemia me ha alejado cada vez más de la sociedad, a veces me agrada, pero hoy quería compañía. Quiero abrazar a alguien, quiero besar a alguien, quiero que alguien me diga “vete a dormir, yo me encargo de todo y cuido a tu perro” pero ese alguien no está y tengo que mantenerme despierta.  

Mi perro andaba por toda la casa regando sus juguetes, espantando a los zanates y palomas que hacen paradas en nuestro jardín para tomar agua, buscando a los gatos que pasan velozmente por nuestra barda, ladrándole a la gente que se queda parada en nuestra entrada esperando la combi, orinando en mi manzano, revolcándose en el pasto y yo sentada en el comedor viéndolo disfrutar su vida mientras tomaba un vaso de agua. Prendí la tele para ver que había en HBO Max, me decidí por “La vida sexual de las chicas universitarias”, quería reírme un poco, lo necesitaba. 

Dieron las cuatro de la tarde y tuve que salir a pasear a mi perro otra vez, aún hacía algo de calor pero tenía que adelantar las cosas para poder dormirme a las seis. Durante el paseo compré una rebanada de pastel, Nutella con nuez, fue mi cena de hoy y la diabetes dentro de unos años. Regresamos a la casa y mi perro volvió a mostrarme lo fácil que es para él apagar su cerebro, cerrar sus ojos y volver a dormir. Yo empecé a ordenar esa montaña de trastes limpios, puse en orden otras cosas en mi casa para poder dormir con más tranquilidad y no estar pensando mucho. Pasó un rato y me encontré otra vez enfrente de la televisión con esas cuatro universitarias que tenían un sábado más interesante que yo. No tenía drogas, alcohol ni un cuerpo desnudo a mi lado como esas cuatro actrices; una taza de café de olla, una rebana de pastel y el control remoto es lo que me hacía compañía. No hay duda que estaba enojada y triste por tener este día, quería mejorarlo, pero no tenía la energía.  

No sé si haberme tomado ese café fue buena idea ya que quería dormirme a las seis. Las manecillas me indicaron que eran las cinco de la tarde con cuarenta y cinco minutos, vi un episodio tras otro, le di rewind dos veces para ver las hermosas curvas de esa actriz mientras disfrutaba del sexo, terminé mi cena y me di cuenta que eran las siete de la noche. Lavé otra vez mis trastes sucios, le di de cenar a mi perro, lo cepillé, le lavé los dientes, le limpié las orejas y lo subí al cuarto para que ya se durmiera. Apague luces, prendí otras luces, cerré bien las puertas, cheque que todo estuviera en orden, me lavé los dientes, me puse mi pijama y me dirigí a mi cuarto. Mi perro ya estaba casi dormido, super cómodo en su cama con sus cobijas oliendo a Suavitel. Me acosté y sabía que no tenía sueño a pesar de que mis ojos decían lo contrario, agarré mi laptop y empecé a escribir esto.  

Son las ocho de la noche con trece minutos, está sonando “Hey Jude” en mis audífonos y me esperan más horas despierta. Tengo cincuenta y seis por ciento de batería, aun no decido si apagar mi laptop o seguir escribiendo o ver algo en YouTube o Netflix.  

Sé que tengo que dormir pero mi cuerpo no me deja, quisiera que alguien me hiciera piojito, pero no hay nadie, podría poner música para relajarme pero dudo que ayude, tendré que empezar a dar vueltas en mi cama otra vez, mi perro empieza a roncar y mi cuerpo se sigue resistiendo.

No sé si mañana vaya a corregir este texto. “Help!” empieza a sonar en mis audífonos, realmente necesito que los espíritus de John y George me ayuden a consolidar el sueño.