¿Cómo nació este local y qué lo hizo diferente desde el principio?
Vaivén
nació por las ganas de operar un negocio propio y lo diferente fue el café: fuimos la primera cafetería de especialidad en Tulum. También nos diferencian los productos locales y nacionales: mezcales tradicionales, destilados mexicanos y cacao agroecológico.

¿Qué parte del día, del espacio o del proceso creativo disfrutan más quienes trabajan aquí?
La parte del día que disfruto más es cuando me tomo mi cafecito para funcionar al cien en las primeras horas del día —a las 7:30 y entre las 11 y 12—, porque siento que ando fresquita y le puedo transmitir eso a los clientes o a mis compañeros. Estás activo y, si no estás muy camote, puedes echarte una platicada con los clientes. Del proceso creativo no me toca mucho, pero cuando quieren hacer videos o fotitos, yo me presto.

Si alguien entra por primera vez, ¿qué es lo que no debería perderse?
Como cliente no te puedes perder las playlist que están cien de diez cuando las escuchas por primera vez. También, el cacao smothie con un shot de espresso y el toast de coliflor (solo para conocedores). Como crew debes probar todo lo que sea posible para expandir el paladar y poder explicar súper bien a los clientes.

¿Cuál ha sido un desafío interesante que los haya hecho replantearse algo sobre el proyecto?
La verdad es que el nombre le ha hecho honor al espacio: ha sido un vaivén de cambios y desafíos. Hasta el día de hoy, ya con tres años del proyecto, seguimos replanteándonos varias cosas.

El primer desafío fue entender a los clientes y al proyecto en sí, pues cada vez pedían más de lo que nosotras habíamos planeado: un menú mas grande, más mesas, más empleados… Fue ahí que entendimos que no éramos solo una cafetería, sino que también éramos desayunador y un restaurante como tal.

¿Qué influencia, idea o referencia sigue guiando lo que hacen?
Pienso que el haber trabajado en la industria de la hospitalidad tantos años dejó una gran huella en nosotras. Hay lugares que nos han inspirado pero, más allá de eso, la referencia principal fueron nuestros padres: el haberlos visto trabajar directamente en el trato al cliente fue lo que nos hizo apreciar el arte de la atención, el servicio, y el detalle. Esta filosofía de hacer sentir bienvenidos y especiales a nuestros clientes, al igual que a nuestro equipo de trabajo, es algo que sigue en pie desde que empezó Vaivén.

¿Qué lugar, proyecto o persona los ha inspirado últimamente y por qué?
A grandes rasgos nos han inspirado Guadalajara y Ciudad de México. Desde un principio, La broma de Teo, dirigida por Luciana Elguera, ha sido de las inspiraciones más grandes. También, nos sorprende el movimiento tan grande que ha causado en la ciudad desde hace ya diez años Paloma Negra, El Apapacho, Café Tormenta, Félix, entre otros.

Si su espacio pudiera invitar a alguien a colaborar por un día, ¿quién sería y qué harían juntos?
Invitaríamos a Ene Sabrosura y Conquiste de Guadalajara y haríamos medias lunas de dulce de leche.

¿Hay algún objeto, rincón o detalle del lugar que tenga una historia que pocos conocen?
La historia de la Chiquis. Una noche llegó una gatita la cual quisimos adoptar trayéndola a nuestra casa, pero se escapó. A los dos días regresó al café y nunca más se fue, como si ella supiera que Vaivén era su hogar. Ahora es más que una mascota: es parte y escencia del lugar. Te queremos mucho Chiquis.

Si este proyecto fuera una ciudad, un libro o un disco, ¿cuál sería y por qué?
Vaivén es multifacético, no estamos casados con un estilo. Siempre estamos en constante cambio, pero si pudiéramos mencionar un disco sería el de Natalia Lafourcade, De todas las flores.

Respuestas por Itzel RodrÍguez de Vaivén