Me hubiera encantado construir un hogar a tu lado.
Ver un 50% tuyo
y un 50% mío
corriendo por una casa
que jamás será.
Te mentí cuando dije que no quería hijos.
Desde el día uno
ya imaginaba su naricita como la tuya,
y ese pequeño mundo
cabiendo en mis brazos.
También me vi de blanco.
Con un velo,
cerrando los ojos,
tomada de tu mano.
Orgullosa
de un amor
que para mí
era real.
Un hogar llamado “nosotros”.
Las sábanas un sábado en el piso,
las piernas entrelazadas,
las manos sosteniéndose sin prisa.
Y ahora escribo esto
que nunca te voy a mandar.
Porque hay cosas
que también son amor
aunque se queden en silencio.
Sí me quedé esperándote.
Un mensaje,
una señal,
cualquier indicio
de que también lo estabas pensando.
Hasta le recé a Dios
para que te regresara a mí.
Quise arrancarme el corazón
para dejar de sentir esto.
Tu nombre todavía cae
como un golpe en la espalda.
Me paraliza.
Y a veces siento
que no voy a poder avanzar.
Pero sé
que no es verdad.
Sé que fui valiente.
Que amé sin medida,
sin miedo.
Y que, aunque no haya sido para siempre,
fue real.
Muy real para mí.
Fotografía por Ignacio Isaac Soto // Revelado y escaneo en Dichroic Film Lab

