¿En qué piezas o proyectos has estado trabajando últimamente?
Hasta hace poco he estado trabajando en un proyecto titulado Broad Channel: Beyond the Water, situado en una pequeña isla de Queens, Nueva York, donde la vida se organiza en relación directa con el agua. Broad Channel está rodeada por la bahía y es atravesada por mareas que hoy son cada vez más frecuentes e intensas. Las proyecciones climáticas indican que gran parte de la isla podría desaparecer en las próximas décadas como consecuencia de las inundaciones asociadas al cambio climático.
Sin embargo, el agua no es una novedad en Broad Channel. Al observar archivos y fotografías históricas, resulta evidente que las inundaciones han formado parte del lugar desde siempre. Para muchos de sus habitantes, el agua no se vive como una amenaza aislada, sino como una presencia continua con la que se ha aprendido a convivir. Lo que cambia ahora es la escala y la insistencia: las mareas llegan más a menudo, permanecen más tiempo y dejan menos margen.
El proyecto no se aproxima a Broad Channel como un espacio condenado, sino como una comunidad que ha construido su identidad desde la permanencia. Hay casas que han albergado hasta diez generaciones de una misma familia, historias que se repiten y se transforman sin romperse del todo. Mi trabajo se sitúa justamente en ese territorio intermedio, construyendo un archivo vivo de casas, muelles, objetos y gestos cotidianos, no para anticipar una desaparición, sino para observar cómo una forma de vida se adapta, resiste y continúa eligiendo quedarse.

¿Qué aprendiste (o desaprendiste) mientras trabajabas en ello?
Para mí, las visitas a Broad Channel dejaron de ser solo parte de un proyecto y se volvieron fundamentales en mi vida en Nueva York. Cada fin de semana volvía a encontrarme con Mike y Annie, dos vecinos que me abrieron las puertas de su casa desde el primer día que llegué a la isla. Migrar sola a otro país me había enseñado muchas cosas sobre adaptación y distancia, pero nada como sentir, a miles de kilómetros de mi lugar de origen, que unos desconocidos te reciben como si fueras parte de su familia.
A ese gesto le siguieron muchos otros: el monseñor Ahlemeyer anunciando mi proyecto en la iglesia de St. Virgilius, o el cuerpo de bomberos llevándome en la Rockaway St. Patrick’s Day Parade; pequeñas ceremonias de bienvenida que me recordaban que Broad Channel me aceptaba como parte de su memoria viva, y me enseñaron que, como dice María Sánchez, la verdadera urgencia es sentarse cerca del agua.

¿Qué palabras, ideas o emociones te rondaban la cabeza?
Cuando me sumergí de lleno en el proyecto sentí que, de alguna manera, había invitado al agua a colarse por todas partes. Al mirar atrás, creo que el proceso fue muy cambiante porque el agua lo es. El inicio fue tumultuoso y confuso porque no veía una dirección clara y quería entenderlo todo a la vez, pero con el tiempo el agua comenzó a volverse profunda, clara y brillante. Con la espera, entendí que, igual que ocurre con los habitantes de Broad Channel, el agua no se comprende desde la urgencia ni desde la distancia. Para entenderla hay que quedarse, hay que aprender a permanecer.

¿Hubo alguna conversación, película, música o libro que se haya colado en ese trabajo?
Hubo muchísimas cosas que siento que atravesaron y alimentaron todo el imaginario del proyecto: las historias que me contaban los vecinos sobre sus infancias en la isla y sobre cómo fue crecer allí, la película El agua de Elena López Riera, mis profesores, en especial Andrew, y por supuesto mis amigos, que fueron un impulso fundamental durante todo el proceso.

¿Qué fue lo más difícil que has enfrentado últimamente en tu proceso creativo?
Últimamente mi vida ha estado llena de cambios y a veces tengo la sensación de que en realidad nunca he salido del agua y que sigo intentando aceptar que el trabajo no siempre se mueve al ritmo que una espera, y que hay momentos en los que no pasa nada visible y que aun así el trabajo sigue ocurriendo. También entender que no todo se aclara a través de la producción constante, y que a veces el gesto más honesto es seguir mirando sin exigir una respuesta inmediata.

¿Cuál es tu cafetería favorita y por qué te gusta ir ahí?
La verdad, no tengo una cafetería favorita en particular; para mí lo importante es tomarme el café con gente con la que me apetece estar.

Si este mes tu vida fuera una película, ¿qué título tendría y quién haría el soundtrack?
Se titularía Todas las veces que elegí ser una liebre saltarina y el soundtrack sería de mi queridísima Alice Coltrane.

Recomiéndanos uno o más artistas que sigas, que te inspiren, y dinos qué es lo que más te gusta de su trabajo o de su forma de trabajar.
Tengo la suerte de estar rodeada por un entorno que me inspira y al que admiro mucho, y elegir solo tres es imposible. Entre las personas que me enseñan a mirar de formas nuevas se encuentra Diana Cuautle, por su amor incondicional por el mundo, por transformar todo en algo sagrado y por capturarlo con una gentileza incomparable; Rita, porque siempre sabe transformar el miedo y lo doloroso en algo bello y digno de sostener y luchar por ello; Mayolo López, por su compromiso profundo con lo humano y la transparencia en su trabajo, que me recuerda que la honestidad puede ser un gesto creativo en sí mismo; y siempre, siempre, la literatura de Anne Carson, por hacer del lenguaje un territorio extensísimo donde imaginar universos nuevos y posibles.

Fotógrafa documental. Su trabajo se centra en las personas y los territorios que habitan, explorando cómo la dignidad y la resistencia se manifiestan en la vida cotidiana.
