¿Cómo nació este local y qué lo hizo diferente desde el principio?
Tetlán
nació como un tostador a puerta cerrada, en un momento de transformación y transición entre nombres y proyectos. El núcleo de nuestro trabajo siempre fue el tostador: entre 2019 y 2023, le dio vida a una barra que, poco a poco y casi sin querer, fue convirtiéndose en un restaurante.

Fue un bonito recorrido que nos regaló la certeza de nuestro amor: una fruta que luego se vuelve líquido y que cabe en una taza; queríamos dedicarle todo nuestro tiempo y energía a eso. Así que cedimos el restaurante a alguien más y, en ese entretanto, buscamos un local para seguir operando nuestro tostador y no dejar abajo a nuestros clientes. Encontramos este espacio en el barrio de Santa Tere y aquí nació Tetlán. Del náhuatl, “lugar entre piedras”, y el lugar de origen de nuestro head roaster y fundador, Jair Sánchez. 

Pronto nos ganaron las ganas de compartir (y los metros cuadrados en espera de propósito), así que montamos la barra y abrimos las puertas. 

¿Qué parte del día, del espacio o del proceso creativo disfrutan más quienes trabajan aquí?
Nuestros momentos favoritos del trabajo definitivamente son catar y diseñar bebidas nuevas. Si pudiéramos resumirlo diríamos que son los momentos de descubrir y de crear. También nos encanta conversar con nuestros clientes, de café y de no café. Platicar sobre café siempre lleva a platicar sobre la vida, y viceversa. El café y las personas se descubren una y otra vez. 

Si alguien entra por primera vez, ¿qué es lo que no debería perderse?
No puede perderse la oportunidad de curiosear. Al entrar verán estantes llenos de café, chocolates de Mikuchina Mulla, los prints de Magenta Prints, las bocinas diseñadas por Outfox, y nuestros murales. Todo invita a pasar, a hacer preguntas y a platicar. Ya engatuzadx, no te puedes ir sin probar un flat white o un filtradito del grano que te recomendemos. 

¿Cuál ha sido un desafío interesante que los haya hecho replantearse algo sobre el proyecto?
Tetlán se encuentra en el barrio de Santa Tere, un barrio centenario muy tradicional, con hábitos de consumo de café muy arraigados. Colocarse en el mercado local con una propuesta de cafés especiales ha retado, sobre todo, la manera en que la comunicamos. El café bien hecho es riguroso y técnico, pero hacerlo accesible es nuestra chamba. El lenguaje es importante, pero igual de importante es recordar que está para entendernos, no para restringirnos. Quisiéramos quitar ese aire de exclusividad que a veces rodea a la cultura del café. 

¿Qué influencia, idea o referencia sigue guiando lo que hacen hoy?
Nos sigue guiando la idea de que las cosas extraordinarias pueden venir de cualquier lugar, y de que lo que hacemos es para todos. Nos gusta lo inesperado. Nos gusta aprender, reaprender y cambiar de opinión si es necesario. Nos sigue moviendo la capacidad de asombro; la dirección siempre es ir tras ella. 

¿Qué lugar, proyecto o persona los ha inspirado últimamente y por qué?
Nos inspiran un montón de personas y proyectos. Nuestra identidad visual siempre se la hemos encomendado a Wericklara y a su fabuloso talento de representar nuestras ideas en sus diseños. Su trabajo nos inspira.

Nos inspiran los colegas, como El Terrible Juan Café y Jorge Sotomayor, como ejemplo y referente de la industria mexicana. También el trabajo de identidad visual de Camelia con su marca Migrante Tostadores.  

Nos gusta mucho el trabajo de Standart y de Roast Magazine; tenemos sus números en la barra, siempre disponibles para quien quiera abrirlos. Y nos encanta Metric

Si su espacio pudiera invitar a alguien a colaborar por un día, ¿quién sería y qué harían juntos?
Nos encantaría colaborar con Roy Barba y Giselle Riestra; artistas locales y fieles de nuestros lattes y flat whites, a quienes admiramos mucho. 

¿Hay algún objeto, rincón o detalle del lugar que tenga una historia que pocos conocen?
Todos nos preguntan por el autor de nuestros murales y qué significan. Nadie se imagina que el autor es Diego, quien además es tostador y, de vez en cuando, anda en la barra. Los murales retratan el camino que recorre el café desde el origen, combinando elementos humanos, mágicos y naturales a modo de fábula. Buscamos que quien lo mire los identifique y disfrute la manera en que se relatan y que, quien no conozca, pregunte y se lleve una historia. 

Si este proyecto fuera una ciudad, un libro o un disco, ¿cuál sería y por qué?
Si Tetlán fuera una ciudad sería Naolinco, según Bryan, porque ahí vio cafetos crecer entre las piedras. Si fuera un libro, sería Como agua para chocolate, según Diego, porque nos gusta que cada sorbo esté cargado de intención y emoción. Si fuera un disco, segun yo, sería The Best of Sade, porque tiene los ritmos perfectos para transitar el día. 

Respuestas por Giovanna A. Talavera, supervisora de barra, redes y colaboraciones de Tetlán