Tears became peace

Desperté en la madrugada, en una ciudad lejana, donde las nubes son tímidas y el sol vuelve a su casa hasta muy tarde.

En la serenidad de ese silencio, donde las familias duermen plácidas en sus camas y los gallos aguardan para cantar, ahí estaba yo, llorando como una pequeña.

Aquella tristeza de los 21 regresaba a mí sin previo aviso, excepto que esta vez, tomé mis lágrimas para cuidarlas, entonces se volvieron paz, se convirtieron en nostalgia buena, de un amor profundo por todo lo que dejamos de ver.

Por un árbol, el océano, la marea de noche, la espuma de la tarde, las nubes que saludan por la ventanilla del avión, la delicadeza de una sinfonía al dormir y la infinita alegría de compartir.

Suspiré por esa razón, sabiendo que en esos espacios oscuros del exterior había una claridad dentro que crecía.

Decidí esta profesión para crear cantos de vencejos que vuelen hacia quienes llevan cargas pesadas. Cuando el mundo exterior oprima es momento de mirar al interior y encender la luz.

Fotografía por Marc Gassó

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