SIN SELECCIÓN

Me inquieta que no me elijas.

Dices que no tienes tiempo y te veo tan joven. Tan lleno de él.

Tus ojos verdes son como relojes infinitos.

Y yo estoy sintiéndome como diario de ayer, inservible. Y vos… vos venís a ser como una película de taquilla con varias remakes: largometraje para darle play.

Me inquieta que no me elijas. Aunque amo tu libertad y me excita locamente que puedas elegir no elegirme.

Tus dotes son como amos del futuro.

Y yo estoy ahogándome desesperanzada. Y vos… Vos caminas por la misma calle, adelante, dándome la espalda.

Me inquiera que no me elijas, aunque me fascina el poder magnífico de tu decisión de optar clausurarme como opción.

Te gustaba. Maldito pretérito imperfecto que mi mente no puede conjugar a un pasado simple, tan perfectamente finalizado.

Saboreaba rico hasta que no supe más nada de vos. Hasta que te vi cerca, pero lejano.

Y… ¡Mirá cómo es! El tiempo lineal pasa y todavía me inquieta que no me elijas.

Y aunque el tiempo pasa… Y si el tiempo pasa, hay tiempo. Y si vos pasas en el tiempo es que tenes tiempo. ¡Eso me inquieta!

Realmente me inquieta que no me elijas.

Ese beso que me pediste lo quisiera recuperar. He ideado mil estrategias.

Ese lapso de vacaciones tan corto, se volvió efímero, fugaz.

Y a mi, me inquieta que no me elijas, porque alguna vez me deseaste. Me suplicaste que te mire. Me besaste la piel.

Me inquieta, en primer orden de todo lo que inquieta; me inquieta que no me elijas.

Dices que los espejos y las puertas son terroríficos. Que los quitarías del mundo. Y yo, yo recuerdo como actual nuestro reflejo. El duplicado. Las veces que abrimos las puertas.

Me inquieta que no me elijas porque tienes la capacidad de elegir no quererme. De elegir desear y despreciar.

Dices que el sexo ya no será necesario y te veo tan hormonal. Tan colmado de vida.

Me inquieta que elijas no tocarme, y verte tan táctil, tan ágil con la manos.

Y ya no dices nada.

Me esquivas.

Y yo voy a tu lado mendigando una palabra. Una suave brisa.

Me inquieta que ni siquiera voltees cuando sabes que me tienes atrás.

Y aún espero tu llamada.

Una respuesta.

Casi quieta.

Inquieta.

Fastidiada.

Fotografía: Catherine Lemblé

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