Sin azúcar

Si algo he aprendido, o medio aprendido, a lo largo de mi vida, es que no existen los accidentes. Si te conocí fue porque así tenían que pasar las cosas, para que yo aprendiera (de la forma más cruel posible) que el hecho de querer algo con todas tus fuerzas no implica siempre que vayas a poder obtenerlo.

Fueron 5 años por los que pasamos por cada uno de los estados del amor, hasta que un día por fin dio de sí. Me di cuenta una mañana, mientras preparaba tu café y no supe cuántas cucharadas de azúcar debía poner, ¿era 1 o 2?; al final, lo amargo no fue el café, sino tu cara de disgusto al momento de probarlo; en realidad, esa expresión no duró más de un segundo, pero a día de hoy sigue calando de alguna extraña manera, y es que ya muy tarde lo recordé: lo tomas sin azúcar.

Como era de esperarse, no hubo reclamo alguno, siempre fuiste así, tan calmada que incluso me había llegado a preguntar si en verdad te dabas cuenta de lo que pasaba a tu alrededor, pero lo hacías, tanto lo hacías que por eso llegamos a ese momento, conmigo peleando tu decisión, diciéndote lo mucho que maldecía el día que cruzamos nuestros caminos, que todo el amor que te tenía hacía mucho que había desaparecido… pero yo sí te amaba… Y mientras yo me seguía ahogando en furia, tu completo silencio me dejaba escuchar claramente la voz por los altoparlantes: “Pasajeros que abordan el siguiente vuelo con destino a Hong Kong”.

Ese fue el adiós, te fuiste sin intención de voltear hacia atrás, sin intención de regresar, y fue entonces cuando lo comprendí: querer algo con todas tus fuerzas no implica siempre que vayas a poder obtenerlo, o en mi caso, quedarte con ello.

Y lo peor no fue tu despedida, lo fueron todos los vacíos que dejaste en la casa, en mi vida. Qué jodido es conocer el verdadero sentido de la vida y poder tocarlo con tus propias manos, para que al final no puedas ser capaz de volver a verlo siquiera. Tiempo después supe de ti, cuando me llamaron por teléfono para preguntarme si me había enterado de la noticia, habías muerto. Me quedé en silencio durante un momento, al otro lado de la línea se escuchó una disculpa y después colgaron.

Los vacíos que dejaste, como era de esperarse, sólo se hicieron más grandes, y ahora tomo mi café sin azúcar.

Fotografia por Fragile Ruins

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