Polilla silenciosa,
que desprende un vuelo errático y torpe.
Impredecible.
Te veo durante la noche mientras se me acaba el deseo de describirte entre versos.
Deseo parar.
Y paro.
Pero, a la noche siguiente, pienso entre rezos: ya no quiero poner en ideas aquello a lo que aún no llegan mis besos.
Si pudiera pedir un deseo, encendería la vela y pediría que llegue, y lo vea, y solo así lo sepa.
Que permanezca y parpadee 10.5 millones de veces, y persista su ser siendo en sí, para sí.
Y que lea las mismas palabras que ya he leído yo.
Quiero verme nocturna y parpadear bajo la luna 10.5 millones de veces, y que aún impersonal a mi propio rostro, a mis cosas, a mi ser y a mis palabras de poeta de hace 10.5 millones de parpadeos, siga sintiendo que fui, que soy y seré, porque seguramente este deseo de permanecer siendo es inmensurable
y
propiamente
mío.
Individualidad de dos.
Pero dejando que el cuerpo hable,
¡qué incomodidad estos 60 cm de distancia, de tu piel a la mía¡
Podría explicar que siento con el cuerpo,
y que lo que siento se emana inmaterial al tacto, pero perceptible a mi mirada chocando con la tuya, mientras pienso en la incomodidad de estos 65 cm de distancia.
¿Cómo hablar cotidianamente de un cuerpo que siente?
Llegar y decir, ¡hey! es que mis brazos están tristes por no sentir tu abrazo y el orificio de mi oído pensativo, por no sentir tu cabello cosquillearlo.
¿Cómo se dice con naturalidad que el cuerpo siente?
Que cada parte tiene algo por decir; que mi hombro derecho me pregunta incesante: ¿Para qué estoy aquí, si no es para sentir su cabeza recargarse junto a mí?
Que mis lunares se ven más vividos, como estrellas sobre las calles dónde no hay luces, y lo único que se puede hacer es levantar el cuello y sentir cómo me voy del suelo con el anhelo que tiene el cuerpo de pararse frente a ti y decir: esto es lo que estoy sintiendo.
Y saber que, en aquel momento, esos 0 cm de distancia fueron comodidad pura dicha por mis brazos enlazados a tu pecho palpitando, mientras sin querer se desprenden de tu piel formando una estrella al separarse, y así, esos 80 cm de distancia se vuelven a sentir tan desagradables.
Ayer le dije a mis piernas que si tropezaban les tatuaría alas de polilla para volar torpe a la noche donde sentí tu abrazo.
Deja que el anhelo te mueva,
¿qué es lo peor que podría pasar?
0 cm otra vez.

