De sombras y siluetas solubles levanta la mañana

y entre cortinas de pestañas,

en un camino pavimentado de besos timoratos,

los labios buscan a tientas 

alguna gota de rocío que condense su perfume. 

La letanía de las  aves matinales

es el aviso inoportuno que les regresa 

al tedio cruel de las tazas de café. 

Duele arrancarse la sábana 

y desayunar incertidumbre del reencuentro.

Aún con llagas de pasión abiertas,

se despiden los amantes

con un beso aguado que promete olvido.

Fotografía por Andrés Díaz Boada