Una enorme infelicidad se ha instalado en mi corazón hace un mes por la noche. Le había visto rondar el bar que frecuento molestando a los comensales, preguntando con insistencia si alguno tendría alguna habitación de sobra que otro sentimiento no estuviera ocupando, pero nadie le contestó y aquello me hizo sentir mal, tan mal que me he acercado y le he ofrecido una vacante en mi destartalado corazón, misma que aceptó sin dudar al instante para después invitarme un trago y animarme a beberlo a su propia desesperada velocidad.

Sí, una enorme infelicidad reside ahora en un sórdido cuarto de mi corazón. Hoy me he pasado cerca de la habitación que ocupa y le he preguntado por cuánto tiempo piensa quedarse y, aunque yo sabía que estaba dentro, un silencio sepulcral surgió de detrás de la puerta. Ahora estoy preocupado, temeroso de que ahora quiera quedarse para siempre.

Fotografía por Diego Sebastián.