Nota hallada en un Freak Show

Existen en nosotros varias memorias. El cuerpo y el espíritu tienen cada uno la suya.

Honore de Balzac

Lo más difícil fue aprender a limpiarme entero, digo, al principio no me importaba mucho mi estado después del perfomance, pero luego llegó la irritación, los hongos y las costras que me impedían moverme con comodidad. Pasarme una esponja cubierta de disolventes para pintura no era suficiente; tuve que buscar nuevas alternativas. Un conocido de la compañía sugirió que actuara cubierto de pies a cabeza con un plástico fino –y no me agradó la idea de pensar en mí como una especie de condón humano sobre el escenario–, incluso se ofreció a conseguirlo a lo que era, según él, una autentica ganga.

—Así no tendrás que alejarte del teatro, Namir, ya sabes… la gente de algunos poblados puede ser un poco cruel —dijo.

La gira de ese año había transcurrido con normalidad, pero Joe tenía razón: La gente podía ser cruel. Cuando me paseaba por las calles en busca de materiales para mi acto debía ir como disfrazado, así me aseguraba de no atraer atenciones indeseadas. En esos días, mi guarda ropa de calle consistía en varias prendas de las cuales tenía hasta cinco copias idénticas. Jeans anchos, gabanes largos y oscuros, gafas, sombreros, bufandas para el rostro. Etc. Hace un par de años, mis paseos nocturnos hicieron que me convirtiera en el protagonista de una suerte de leyenda rural. Tuvimos que abandonar ese pueblo rápidamente. En serio temía que alguna persona se acercara más de la cuenta. Una cosa era que te vieran actuar en un entorno controlado donde interpretabas un personaje vistoso y otra muy diferente, y drástica, por qué no, era que descubriesen que lucías así realmente.

Mi número gozaba de una modesta popularidad, no era nada del otro mundo, pero eh, tampoco son nada del otro mundo esos miles de cuerpos operados que desfilan ante las cámaras enceguecedoras todos los días, cualquiera con el suficiente dinero puede lucir así de “bien”. ¿En qué iba?, sí, mi número. Para ser justo en lo que a méritos se trata, la compañía teatral Gothic Dream fue la que me ayudó a cimentar las bases de lo que ahora es mi carrera. No le daré más vueltas al asunto. Verán, para una persona como yo, sería difícil hallar una vocación en cualquier otro campo. Alguna vez un espectador me dijo –desde una distancia muy prudente- que los freaks Shows habían sido prohibidos hace más de doce años. Bueno, debería saber que las leyes son una cosa, y la realidad es otra ¿Qué se supone que haría yo alejado de este mundillo?, seguramente estaría involucrado en la delincuencia, en la indigencia o en algo peor…

—No basta con ser raro, muchacho, tienes que poner a trabajar tus cualidades. Inventa un acto pronto o la gente se aburrirá de ti —dijo el presentador Morris apenas llegué.

Y sí que lo inventé. Verán, sufro de una extraña condición: Neurofibromatosis. Mi cuerpo está cubierto de pequeños tumores, bolitas de piel rellenas de quien sabe qué. Las tenido adheridas a mí desde que tengo razón y memoria. No sé que cómo reaccionaron mis padres en el día de mi nacimiento porque jamás los conocí; Yo fui criado por dos adictos a la heroína, me rescataron de la basura. Pasé mi infancia en un granero abandonado a las afueras de la ciudad, viví como animal durante mis primeros años de vida, corriendo por ahí completamente desnudo, comiendo cualquier cosa que hallase y durmiendo en la intemperie.

Me uní a esta compañía teatral a los catorce años de edad. Nunca supe qué fue de Nicol y Javi –los drogadictos que me rescataron–, tuve que apartarme de ellos cuando un empresario reclamó las tierras en las que se alzaba el granero. Ellos se resistieron violentamente y fueron arrestados, yo huí, sin saber a dónde, pero como ya dije. Mi numero ya goza de una modesta popularidad y es esto lo que da sentido a mi existencia.

Nunca me he considerado un artista, dejémoslo en que sólo soy una persona que hace lo que tiene que hacer. Lo más difícil fue aprender a limpiarme entero. Los incontables pliegues de mi piel retienen restos de pintura, elemento esencial en mi acto, puesto que yo, Namir, soy nada más ni nada menos que el mismísimo pincel humano, el hombre de las mil texturas, el único autor de lo más extraños lienzos realizados sobre escenario alguno. Action Painting en todo su esplendor, ponerle el cuerpo y el alma a la cosa, con todo su peso y con todo su dinamismo como dicen los críticos más exigentes y como lo dice el Viejo Morris cuando me llama a escena.

Cuando la función termina tardo mucho en limpiarme, he oído que algunos lienzos que hago se venden por pequeñas fortunas, pero el viejo Morris no permite especulaciones en los camerinos, nadie quiere arriesgar su pellejo para venir a socializar con el deforme y manchado Namir, por lo que a mí no me consta nada. Y no me hace falta, la verdad. Una vez bajo del escenario prefiero olvidarme de lo que he dejado arriba. No considero que esos lienzos sean bellas piezas, pero cada quien con sus gustos… ¿No?, además, ni falta que me hace el dinero, ¿En qué gastarlo? Si solo habito en los camerinos que ya mencioné y en las habitaciones de hotel que rentan los directivos de la compañía de teatro, siempre de paso, siempre abandonando los sitios antes de lograr encariñarme con las maneras de la gente –a veces me gusta sentarme en un banco y observarlos–, antes de lograr familiarizarme con el ir y venir de las calles, los nombres, las direcciones.

Estoy deprimido, y abrumadoramente solo. Hay una pequeña ventaja de esta vida que me ha tocado… Me gusta visitar los zoológicos, siempre voy los miércoles, mitad de semana, el día que ingresan menos personas. Voy ese día para poder tomarme mi tiempo para hacer los recorridos, me gusta la respiración tranquila de las bestias. Están acostumbradas a ser observadas, pero ellas a veces ni se molestan en determinar quién les ve. Les tengo admiración y temor a partes iguales, ojalá no les moleste el olor a detergente lavaplatos que tengo que aplicarme para limpiar hasta el último rastro de pintura. Cada día que pasa mi piel se cuartea más, como el lecho de un río expuesto a un sol desértico, pero como ya dije, no creo que tena otra opción…

Fotografía por Sasha Mademuaselle

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