Monono Café

¿Cómo nació este local y qué lo hizo diferente desde el principio?
Nace como tender la ropa de repente. Al día siguiente, todo había aparecido y no contábamos con suficiente conocimiento acerca del planeta del café, pero se trabajó, se destruyó, nos equivocamos y aprendimos. La abuela paterna brindó el primer local sin saberlo, y su espíritu se mantiene; el espectáculo continúa. Las personas con las que compartimos experiencias diarias nos brindan el papel de diferenciador, y también el no querer morir.

¿Qué parte del día, del espacio o del proceso creativo disfrutan más quienes trabajan aquí?
A cualquier hora, cuando el viento tamborilero es arrestado por vagancia. El crew de las dos ubicaciones de monono reacciona ante el concepto cálido con decisiones de calidad, el ambiente familiar entre todos, los detalles sin fanfarronería, el rush del tiburón solitario en un mundo que perdura con café y gustos consecuentes.

Si alguien entra por primera vez, ¿qué es lo que no debería perderse?
No deberían llevar la situación con prisa. Deberían permitirse escuchar las recomendaciones que tenemos para cada alma; sentarse, escuchar la música, percibir el sonido de la cerámica inyectada por espresso y luchar para que su bebida o alimento sea eterno.

¿Cuál ha sido un desafío interesante que los haya hecho replantearse algo sobre el proyecto?
El desafío y los replanteamientos son diarios. El mundo cambia y tenemos que adaptarnos y sobrevivir; crear a partir de la situación.

¿Qué influencia, idea o referencia sigue guiando lo que hacen hoy?
La idea de seguir aprendiendo. Nuestra influencia son los días de mantel largo, la sobremesa. La improvisación, como la que nos brinda el free jazz, es una gran referencia para nuestro trabajo diario y nuestros procesos de desarrollo de menú, cata y tueste.

¿Qué lugar, proyecto o persona los ha inspirado últimamente y por qué?
La familia; cada uno de los que colaboramos a diario en el proyecto y cada una de las personas que nos visitan y nos regalan lo más valioso que existe, que es su tiempo. ¿Cuánto tiempo puede estar uno en esto? Es incierto, esa es nuestra inspiración diaria. Nos agrada ese espresso prematuro. ¡Te veo mañana!

Si su espacio pudiera invitar a alguien a colaborar por un día, ¿quién sería y qué harían juntos?
Camarón de la Isla o Bob Dylan. Tal vez secuestraríamos capitanes y nos pondríamos el sombrero al revés.

¿Hay algún objeto, rincón o detalle del lugar que tenga una historia que pocos conocen?
No existe ningún rincón u objeto en específico. Todos los días cambiamos, y la gente que nos acompaña forma parte del enigma diario, pasado y futuro de Monono.

Si este proyecto fuera una ciudad, un libro o un disco, ¿cuál sería?
Leonard Cohen con la canción The Future y cualquier poema de Kostas Karyotakis.

Respuestas por César Aubert y Manuel Aubert, artífices de Monono.