Los distantes

Despertamos aturdidos, aparecimos en medio de un lugar escabroso, el sendero de las víboras y el único camino. Crecer desdeñando lo esencial, forjando el metal de nuestras cadenas, mirando al suelo permanentemente.

Cuando las cosas empezaron a ir mal, las explicaciones nos dejaron tirados en el bosque, todos por separado, ciegos y escupiendo al cielo. Nos quedaron cortas las páginas y los paradigmas que maquinaron la luz artificial de los distantes.

Nos quedamos callados, contemplando las sombras y otros cuerpos vencidos por el absurdo. Escondidos en los huecos oscuros del bosque siempre otoñal crecimos melancólicos. Qué desagradable ausencia. Y qué misterio.

Como la fe, helada y ausente, van cambiando de lugar los astros en el cielo y los arroyos creciendo unos días y otros volviéndose desierto. Y los distantes nos observan, queriendo paliar la incertidumbre, queriendo paliar la poesía, callar de por sí al silencio.

Fotografía: gatopalomas

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