Espacio

27 octubre, 2019

Es mi turno de escribir y dedicarlo al viento. Dos cuyas puntas de los dedos ya no se encuentran a punto de ser y sin embargo, son.

Por lo regular me ensimismo durante los largos trayectos en transporte público para llegar a la Ciudad de México, pensando en el pasado así haya sido un par de semanas atrás, en el por qué o cómo mis decisiones me han llevado hasta el punto en donde ahora me encuentro. Si esa misma ansiedad no me abrumara la mayor parte del tiempo, hace tiempo habría dejado todo cuanto ya conocía sin ningún temor, habría podido aventurarme a un amor que prometía ser cálido y fiel, bello y sincero, estaría en ese momento no viendo hacia la ventana mientras en mis audífonos suena Space Song y cada vez se hacen más vívidas las imágenes en mi memoria escudriñando los recuerdos más sublimes y reconfortándome porque al menos lo intenté y besé el sabor del amor puro, sino que estaría probablemente tomando tu mano, jugando con nuestros dedos, entrelazándolos y sonriendo porque nos reflejamos en la mirada del otro, pero volteó a mi lado derecho y la camioneta va vacía, no porque no lleve pasajeros, sino porque no son esa persona y en todo caso da lo mismo. Así continúo mi trayecto pero ahora retomando la lectura de Space Oddyssey y en cada palabra del autor siento que te estoy leyendo a ti también, cuando se habla de física e incluso hay un asomo de filosofía, se desvía mi reflexión imaginando que tú me estás explicando algo técnico como en la época del desarrollo de tu tesis o los proyectos en la empresa de tu tío; llega el instante en el que me alegro por todo lo que te vi crecer y en las pocas situaciones donde te pude ayudar, te serví de inspiración o tú a mí.

La belleza del Universo proyectada en mi imaginación y la documentación acerca de las colisiones entre estas dos galaxias que éramos tú y yo.

Fotografía por Benedetta Falugi

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