Entrevista con Julio Revueltas

No hubo réplica o pregunta, fue rotundo el silencio que guardó conmigo el ganador del premio internacional de poesía Jaime Sabines después de haber leído mi crónica sobre él. Efraín Bartolomé no contestó mis Inboxes al regreso de su viaje a Estados Unidos en el mes de mayo del 2015, fecha en la que volvió a visitar el Museo de Arte de Filadelfia. Acontecimiento importante ya que el maestro habría de recordar que ante el amparo de Alexander Calder y la Diosa Terrible, hace un cuarto de siglo su corazón fue herido con una dulce lanza de oro para generar en él su brillante libro titulado?Música Lunar.

Por la pérdida de tan agradable y valiosa amistad pasé horas meditando, evadiendo las palabras de mi anécdota con el excelso guitarrista Julio Revueltas. Dando vueltas en mi habitación no cesaba de pensar que mi honestidad al escribir puede ser un error si se busca simpatizar con el entrevistado al mero y puro estilo de adular y lisonjear, como casi siempre se hace, como casi siempre lo esperan.

Esos pensamientos me incomodaban y no me alentaban a decir que Julio Revueltas heredó de manera un poco renuente pero tangible la ideología de izquierda de su abuelo, un destacado militante de la Internacional Socialista4. El abuelo de Julio Revueltas fue un preso político en la antigua cárcel de Lecumberri, el edificio que es ahora el Archivo General de la Nación, donde se encuentra exhibida y olvidada en una pequeña vitrina la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos como supuesto símbolo de libertad y prosperidad.

El día que visité a Julio nos recibió a Javier y a mí de muy buena manera en su hogar a pesar de nuestro retraso de media hora provocado por la lluvia y las pruebas improvisadas de audio que realizamos en el apartamento de Cuitláhuac. Toqué el timbre para ver abrir la puerta a Julio Revueltas algo desvelado, o eso pensé al mirar en sus ojos cierto cansancio. Al entrar hice el primer gesto que dos personas efectúan al conocerse; le extendí mi mano para saludarlo, nada importante aunque en aquel momento noté que mi contacto físico le incomodó. Hizo una mueca de desagrado que se desvaneció en menos de medio segundo, sin embargo la pude apreciar fácilmente porque además la acompañó de un movimiento para restregar la palma de su mano contra su pantalón en señal de aversión, o así lo interpreté yo. Pero de forma inmediata vino otra segunda sorpresa. La que en verdad importa, de hecho. Sin mencionar nada, Julio dio vuelta y caminó hacia su estudio que se encuentra a un costado de la entrada de su casa para tomar el instrumento que lo ha acompañado por diversos países y continentes. Tomó su guitarra y comenzó a tocar un solo de excelente ejecución y noble musicalización. No logré hacer más, me congelé ante tal recibimiento a mi humilde persona. Fue hasta varios minutos después de hacer bramar su guitarra que decidió detenerse para dejarnos regresar a nosotros mismos y permitirnos comenzar a instalar el equipo de grabación. Desconcertados porque no sabíamos bien cómo colocar las cámaras y en dónde conectarnos a la corriente eléctrica, Julio nos fue diciendo en qué lugar estaba cada cosa que necesitábamos; mientras acomodábamos el equipo, él tomó asiento con su guitarra en las manos para hacerla sonar a un tono más bajo y con menor energía e ir generando un ambiente de tranquilidad y simpatía. Nos preguntó cómo habíamos dado con él y cómo es que habíamos comenzado a realizar radio por Internet. Le respondí.

—Javier tocó durante varios años en un grupo llamado La Silueta Ska, por lo que una vez lo entrevistaron para magnitud-radio, a él le gustó el formato de locución a tal grado que buscó ingresar como parte del equipo de magnitud. Después él me invitó a mí a realizar un programa de literatura, participé en varios programas consecutivos y así comencé yo también a hacer radio.

Una vez que terminamos de instalar el equipo y después de haber hecho unas pruebas de audio mediocres, comenzamos con la entrevista. Yo tenía preparadas diversas preguntas pero empecé con la que más me inquietaba; la correspondiente al pensamiento de izquierda del cual es heredero Julio Revueltas. Esto se debió a que yo asistía a los grupos de base de la Corriente Marxista Internacional en la sección nueve del sindicato de maestros en la Ciudad de México en donde tuve como primera referencia a José Revueltas, el ya mencionado abuelo de Julio.

Julio, hace un par de años el periódico La Jornada publicó una nota en donde se lee que regresaste ideológicamente cansado de Estados Unidos. Eso me da a entender que posees una filosofía concreta y que hay una diferencia entre tu forma de pensar y la de los estadounidenses. ¿Nos puedes explicar un poco esa respuesta?

Antes de contestar la pregunta, Julio se tomó unos breves segundos para abordar el asunto con cuidado. Aquel miércoles de agosto Julio Revueltas se expresó al principio con cierta pasividad, inercia y tranquilidad.

—Ese es un tema muy escabroso, muy polémico; pero sí, estuve en las fauces del lobo, en el interior del monstruo, aunque hay gente a toda madre y lugares muy chingones que valen mucho la pena. Austin es el estado de extrema izquierda en Estados Unidos, ahí es muy gratificante hablar con cualquier persona, saben mucho. Pero por el otro lado, aunque no me encuentro en posición de criticarlo, sólo comparto mi experiencia; te puedo decir que en el noventa por ciento de todos los lugares que visité viví el racismo. Pasa algo, es el país con los medios de comunicación más poderosos del mundo, sin embargo es el país más desinformado, lo que es irónico. A donde vayas que noten tu acento, vivirás una discriminación. Y los más cabrones, no hay censura aquí, los que más discriminan y los más ojetes son los mismos mexicanos que ya llevan un rato allá y tienen su green card, su permiso para estar de una forma legal, esos son los más ojetes.

Se creen estadounidenses.

—Te discriminan feo. Quieren que te regreses porque ya no quieren más latinos.

Yo lo mencionaba porque José Revueltas es de tu familia. ¿Tienes la cercanía ideológica, has leído sobre él? ¿Qué tanto llegó a influir en tu forma de pensar, en tu forma de ser?

Julio hace un poco de memoria y responde:

—Es que cuando era muy niño me lo imponían a la fuerza como tarea familiar.

¿Entonces no fue algo agradable? ¿Fue algo más cercano a una orden, aún tienes que leerlo y tienes que saber de él?

—Sí, y nunca lo hice. Fue hasta los veinticinco años que por convicción propia me dispuse a leerlo.

Continúo platicando mientras Julio sostiene su guitarra color dorado.

»Un día me animé y dije: a ver, vamos a leerlo un poco. Comienzo a estudiarlo y empiezo al mismo tiempo a escuchar la obra de su hermano Silvestre Revueltas, y con los dos fue inevitable no sentir un nudo en la garganta, hacerme un vicioso de su obra. O sea, valiendo madre el lazo sanguíneo, yo me convertí en un fanático, ya no me pude desprender de esas lecturas. José Revueltas no es un escritor amable con el lector, es ácido, es fuerte, castiga al lector. Su forma de describir las cosas me llamó la atención, cómo narraba el simple movimiento de un objeto, las cinco páginas que se podía tardar en describir eso. Pero ya por el lado familiar yo identificaba mucho de lo que escribió. En uno de sus cuentos habla sobre una gota que cae en una gran tina y donde el personaje la escuchaba como un martillo que lo estaba enloqueciendo, y yo decía; es que la tina de mi abuela tenía esa gotera, y mi abuelo obviamente escribía en el cuarto de al lado. Entonces hay párrafos con los que me identifico.

Tienes una memoria familiar.

Asiente a mi afirmación con un movimiento horizontal de su cabeza y continúa.

—Al leer las biografías de José y Silvestre Revueltas me identifico demasiado. José se encerraba en su cuarto y no salía por semanas, no salía para nimadres hasta que terminaba su obra. Mi abuela sólo le llevaba el desayuno, quietecita, tranquila, mientras él escribía. Tuvo una buena pareja. Nos contó que una vez que le llevaba comida, abrió la puerta y vio a mi abuelo escribiendo en un baño de lágrimas; esa obra fue, como muchas otras, ganadora de un premio nacional. Asimismo, Silvestre es otro personaje con el cual me identifico porque fue músico; leí su autobiografía, que es un libro muy recomendable. Describe situaciones de hace cien años, habla de cómo se llevaban entre los músicos, de la falta de oportunidades, de las antesalas que tenían que hacer y describe los trámites burocráticos para lograr conciertos. Yo lo leí y decía: Es lo que estamos viviendo ahora, nada ha cambiado en cien años, con excepción de las cosas obvias como la tecnología. Pero la forma en que describe el trato a los músicos, cómo los recibían, los trámites que tenían que hacer, el ambiente, lo que sentían, su forma de componer, son cosas que no han cambiado, están vigentes ahora. Esas experiencias que escribieron fueron la mejor herencia que me dejaron.

Octavio Paz escribió que Silvestre Revueltas “era un hosco defensor de su soledad”. Parece que no se equivocó y que José Revueltas también lo era. Una cosa más, Julio, si no mal recuerdo Silvestre pasó algunos años en un manicomio desde donde escribió unos textos muy ácidos, llenos de bastante ironía.

En este punto quiero hacer una pausa para mencionar que cuando mencioné que Silvestre había estado en el manicomio, Julio agachó la mirada y el rostro de forma un tanto abatida. Por falta de tacto de mi parte decidí citar un párrafo muy breve de las memorias de Silvestre que me agradó por su simpleza e ironía. Yo quería resaltar su excelente redacción y su cabal forma de reflexión porque me sentí identificado con su ágil sarcasmo cuando lo leí. Quería saber si Julio también escribía. Pero no supe abordar el tema y no consideré que esta mención lo incomodaría.

Julio, hay una parte de la narración de Silvestre que me gusta mucho. Cuando está en el manicomio y le están regalando unos rosarios y unas imágenes de santos algunas internas de las que él se apiada. A través de sus atenciones y regalos lo llevan a reflexionar para sí mismo de una forma muy mordaz, a tal grado que lo provocan a escribir:No sé si soy santo, si me están condecorando o si soy pendejo”. Pero lo dice lúcido.

Julio alza de nuevo la mirada cuando escucha la palabra lúcido.

Bueno, para cerrar con ese tema —dice Julio, porque encaminé de manera torpe la plática hacia un terreno demasiado personal y familiar para él.

—Te comentaba la forma en que se encerraban ambos para crear, para hacer lo que nos dieron. Una vez que terminaban se tomaban uno, dos, cuatro, seis meses de parranda. De ir con los cuates, de promover la obra. Se involucraban en todas las actividades que te puedas imaginar. Entonces ahí venía el festejo, pero en el momento de crear, chinguen a su madre todos, se enclaustraban y no salían. Eso es ejemplar para cualquiera de nosotros. Ahora, hay algo que me encabrona de los historiadores a la fecha, pues en la familia nos molesta mucho que en todas las biografías y videos sobre ambos, se califique a José y a Silvestre de borrachos y de violentos. Si tú has escuchado, visto o leído alguna biografía, siempre se toca el tema del alcohol. En los documentales insisten en que Silvestre Revueltas tomaba mucho, que terminaba tirado en la fiesta, que era una persona eufórica, muy violenta, y dicen lo mismo sobre José; que ambos eran alcohólicos. Dime si me equivoco, pero todos debemos vivir la vida y disfrutarla. Yo les pregunto a todas esas personas, a quienes se les agradecen sus documentales pero, ¿ustedes creen que una persona alcohólica sería capaz de crear una obra tan magnífica e influyente bajo un estado etílico?, eso es imposible, y hablo por ambos. Se encerraban a crear en estado íntegro y sobrio. Ya después terminada la obra se iban como cualquier persona en su vida personal de fiesta.

Así es, de hecho he platicado con el Gnomo sobre eso, y la verdad es que no se puede escribir, no se puede componer en un estado alcohólico o de drogadicción.

—Eso es falacia —afirma Julio con énfasis.

Tienes que estar al cien para poder crear —le contesto.

—Qué mejor herencia que me hayan dejado que ese ejemplo. Yo me tengo prohibido tomar una gota de alcohol antes de dar un concierto o de crear. Ya una vez terminado un concierto, ya acabada una obra, un disco, ya me tomo una cerveza.

Esa creencia general es, a Edgar Allan Poe, a Juan Rulfo, a muchos escritores se les pone esa falsa etiqueta de borrachos. Se dice que escribían ebrios, pero es mentira, uno tiene que estar sobrio y sano para sentarse a escribir, a crear.

—Todos los escritores o grupos que agarran el alcohol o se drogan y se ponen a componer, lo hacen mal, los resultados son obvios para el que sabe.

El primer bloque de la entrevista terminó con una pequeña risa de Julio que por alguna razón tiende a contener un poco, quizá porque en ella hay algo de sarcasmo y sátira ante lo que percibe en su entorno. Por fin habla Javier y le pide a Julio que nos regale una canción antes de irnos a corte, pero yo, que durante todo el mes estuve escuchando su música, me adelanté a decirle:

—Julio, ¿puedes tocar “Volviendo a casa”?

Es una rola que para mí está llena de alegría y sentimiento. Yo pensaba que Julio había compuesto esa melodía al regresar de uno de sus viajes al hermoso y contradictorio Valle de Anáhuac.

Después de este preámbulo, Julio, cuéntanos: ¿quién eres, que haces, cómo te defines? —dice Javier.

—Te voy a citar unas palabras de Silvestre que vienen en su autobiografía; en una entrevista le preguntaron lo mismo, y dijo: “Si yo pudiera decir quién soy o lo que quiero expresar con palabras no sería músico, sería escritor”.

Julio ríe de nuevo con cierto reparo y con un gesto mordaz.

Has aprendido con el tiempo, con los años, a decir las cosas tocando, a decir lo que sientes, lo que ves, lo que piensas con las notas musicales —interrumpo.

—Exacto, no me gusta la voz que te impone una letra. Amo la música instrumental en todos sus sentidos y géneros, el rock y el jazz. Si llego a usar la voz es en un sentido melódico o como un efecto. Ya tenemos suficiente, y todos estamos hasta la madre de las letras que dicen “me dejaste y sin ti me muero”, y de la mera repetición de cuatro acordes horribles en una canción en donde millones hacen lo mismo.

Influencias musicales, ¿cuáles son tus influencias? —pregunta Javier.

—Bueno, eso es pasajero, lo que admiraba hace dos o tres años ya pasó al archivo, también hay que estar en constante movimiento.

Danos un ejemplo, ¿qué escuchaste esta la mañana? —toma la voz el Gnomo.

Contento y algo apenado responde Julio como adolescente que fue atrapado haciendo una travesura.

—No puedo dejar de escuchar a Stevie Vaughan. Pero temprano en la mañana no me canso de escuchar música clásica. Vas pasando por influencias. De niño me gustaba Cepillín5 y ahora no, digo que exagero. Tengo etapas, hace veinte años era fanático loco de Van Halen6, me sabía todas sus canciones y ya no, pero para nada, pasó al archivo como algo importante de mi vida y así.

¿Aparte de la música, qué otra influencia tienes? No sé si te guste la pintura, si te guste leer. Aparte de la música, ¿de que más te alimentas? —le pregunto.

—Muy buena pregunta. El músico no sólo se alimenta de la música, por supuesto que no. Estoy seguro de que alguien que va a un museo y admira una buena obra regresa a su casa con una inspiración bárbara para hacer una buena canción; eso es muy importante. A mí me llama mucho la atención, me mata, me fascina el expresionismo.

De tu cuarto de ensayo dónde vienes a crear, a sentirte un poco más libre; de la colección de instrumentos que tienes, ¿cuál es tu favorito? —pregunta mi amigo.

—Igual va pasando, hubo un tiempo en que la Viotarra7 fue mi favorita, la que toco con arco, pero mis demás guitarras se pusieron celosas. Bueno, así decimos los músicos cuando volvemos a tomar un instrumento que no habías tocado; después de un tiempo ya no te responde, a eso le llamamos celos de la guitarra, cuando la abandonas y regresas y la música se resiste. Entonces a cada una le doy su trato por temporadas.

Dice Javier:

Ahora que mencionas que todo está en constante cambio, ¿ahorita hay una canción que ya no te guste, pero que la gente te la pida y tengas que tocar, o igual que no te guste, pero que ya no te prenda tanto como antes?

—Sí, “Volviendo a casa”.

Los tres exhalamos una risa cuando dijo eso. Yo me sentí algo torpe y contrariado.

—Es que por esa rola en particular fui muy criticado.

Hace una pausa corta y continúa.

»Fue un error que cometí. Fue un tributo que le hice a Eric Johnson, lo puse en el disco pero nadie lo leyó y nadie lo supo. Entonces fui criticado pero vorazmente, fui odiado y todo porque muchos pensaron que me fusilé su canción “Cliffs of Dover”, pero fue un tributo, ya perdónenme, fue un tributo. Entonces ya la dejé de tocar, me cagó la madre, pero hice un nuevo arreglo que no tiene nada que ver.

Toca su guitarra para mostrarnos las modificaciones que aplicó.

Julio dice con sarcasmo:

Esta se va a llamar “Ya llegué a casa” o algo así… y que se queden con su rola.

Gnomo, ¿qué le podemos preguntar a Julio para que estemos un poco menos serios el día de hoy, para que la gente del sur de Afganistán y de Venezuela que nos escucha no pierda el interés?

¿Un gusto culposo que tengas, Julio?

—Yo ya salí del closet —le responde a mi amigo—. ¿A quién no le gusta Chente Fernández? Yo salgo a carretera y siempre lo pongo, o al revés, oigo a Chente y me recuerda la carretera. Cuando abandoné México por un buen rato, me la pasaba cantando una y otra vez “A los que se preguntan por qué mi talento no pudo triunfar, a los que me juzgaron sin darme derecho siquiera de hablar…”. A mí me gusta toda la música, cuando la música es sincera no importa su género, llega al corazón, a diferencia de la música que está hecha con propósitos, la que no tiene alma.

Para despedirnos, Julio, una pregunta más. ¿Cómo ves a la nueva generación de músicos del país?

—Muy buenos, brillantes, pero como siempre no se dan a conocer. Escuchen a Fernando Rubel, a Larry Rubel8, es un genio, yo respeto mucho a Larry Rubel. Y te puedo mencionar muchos que por la misma historia de siempre no se dan a conocer. Siempre hay un directivo que está hasta arriba.

¿La burocracia?

—No, más bien es el clásico pendejo que cree suponer lo que la gente quiere, en lugar de pensar que con el puesto que tiene puede ir educando a la gente, pero no, ellos son adivinos y casi siempre dicen: “Voy a poner lo que yo sé que le va a gustar a la gente”. Si la situación cultural está como está en el país es por unos adivinos que creen que saben lo que le gusta a la gente; siendo que no es así, a la gente se le impone lo que esos weyes le dan. Por ejemplo en televisión abierta, muchas cosas que valen la pena se ven por ahí de las tres o cuatro de la mañana. Pero ojalá que fuera al revés, que cuando tú te sentaras a comer y prendieras la televisión vieras un buen concierto, uno de tantos que están ahí guardados en el pinche cajón de un programador pendejo, pudriéndose. Ojalá pudieras ver un buen reportaje. Pero regresando a tu pregunta, los músicos bárbaros a los que yo me refiero actualmente están sufriendo el mismo problema que se ha sufrido desde hace muchos años. Por eso cité el libro de Silvestre Revueltas.

Julio, aprovechando lo que acabas de mencionar, para despedirnos, ¿qué pieza te gustaría que la gente escuchara, que conociera?

—“New hit”, del grupo Uzeb, esa me vino a la mente, está cabrona. Si yo se las pongo ahorita, ustedes van a gritar. ¡Cómo se priva a la gente de cosas tan maravillosas!

Bueno, Gnomo, para cerrar vamos a despedirnos de nuestra audiencia. Yo le quiero mandar un amable saludo al poeta Efraín Bartolomé, un saludo sincero, maestro.

Yo a toda nuestra audiencia —dice Javier. Y Julio manda saludos en lo general porque está a punto de comenzar su ensayo. Para esta hora ya se encuentran en su casa dos integrantes de su banda.

Fotografia por ecka’s echo

Rodrigo Velázquez Solórzano

rodrigovzsr@hotmail.com Rodrigo Velázquez Solórzano (1986) nació en la ciudad de México. Estudio letras en la Coordinación Nacional de Literatura, Arte Contemporáneo y Educación Artística en el Centro Nacional de las Artes, así como Ingeniería en Electrónica, con especialización en Automatización y Control, en el Tecnológico de Estudios Superiores de Ecatepec. Es profesor de Electrónica, Física y Matemática, actividad que ha complementado con la de escribir cuentos, poemas, obras de teatro, crónicas y análisis políticos.

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