Hay Jacinto, cómo te digo que La Gorda empezó a ser La Flaca, hace unas cuantas semanas sus huesos empezaron hacerse visibles. Manuel, el joven, no sé si te acuerdes de él, el que vivía a lado de la señora Maru, el que luego venía a jugar con Rubén… cuando eran pequeños, bueno él se graduó hace unos meses como veterinario y puso su veterinaria ahí en la avenida, a lado de los tacos del Güero.
Bueno le llevé a La Gorda para que la checará, porque pues yo le daba de comer bien, sus croquetas y una vez a la semana pollo. Igual pensé que estaba enflacando porque ya esta viejita, ya ha de tener como unos 13 añitos, pobre de ella, la vejez ya le llegó pensaba cada día que la veía más flaca.
Manuel me dijo que la dejará para que la checará bien y que al otro día pasará por ella, me sentí triste, Jacinto, muy triste de dejarla ahí, solita en un lugar que no conocía, cuando salí me ladro, como diciendo: no me dejes Mari, no me dejes aquí en esta soledad, ¡Mari! ¡Mari! ¡Regresa Mari!, no fui lo suficientemente fuerte y regrese abrazarla como si nunca la fuera a ver y le dije “Gorda de mi vida, no te voy a abandonar, sólo quiero que no te mueras” quizá fue egoísta de mi parte dejarla ahí para que no se muera.
Después de pasar por esa difícil despedida, regresé al otro día, Jacinto, Por la noche no pude dormir por pensar qué tendría, quizá Rubén le habría hecho una de esas comidas mágicas que le daba para que se engordara.
Toqué la puerta de la veterinaria y salió Manuel, pasamos, La Gorda me ladró y su ladrido lo interpreté como “¡Hola, Mari!”, Manuel me pasó a su oficina y me preguntó “¿desde cuándo empezó a enflacar La Gorda?” Jacinto, no vas a saber cuándo fue, hice memoria y le contesté “hace cuatro meses, Manuel”, “Ya veo” me contestó, “¿Cuándo murió Rubén”, lo soltó de una, sin amortiguar nada, se me salió una lágrima o dos, la verdad Jacinto, es que me puse a llorar a cantaros, recordarlo… me dolió mucho? “eso que tiene que ver” le dije con voz cortada “que qué tenía que ver eso” y me contestó “es que su perrita sufre de parásitos de tristeza, su perrita extraña a Rubén” no lo creerás Jacinto, lloré mucho, fui corriendo con ella y le di un abrazo, de aquellos que buscan calmar el alma. Y le dije “sufrimos el mismo parasito, e igual lo extraño”
Photography by Abel Ibañez G.
Escribo por gusto, siempre he pensado que las letras logran penetrar el alma.
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