Luisa despertó y sintió un vacío, una sensación extraña que no la dejaba levantarse de la cama, su cuerpo y su mente estaban ahí pero durante la noche algo había cambiado.
A su alrededor nada era diferente, la habitación estaba igual, mismo desorden, el vaso de agua a medio terminar, todo intacto, pero todo había cambiado, ella, su entorno, su mente.
Durante unos minutos de profunda extrañeza y reflexión, miró el reloj y con toda la pesadez e incertidumbre, se levantó a su rutina diaria, tenía que estar a las 9:00am en su trabajo, hizo todo en modo autómata y sin pensarlo mucho, tomó las mismas calles de siempre y llegó a su destino.
En el trabajo todo estaba igual pero ella lo percibía diferente, caminaba y saludaba por los pasillos como muchas veces lo había hecho.
Se sentó frente a su computadora, y miró a su alrededor, todo tenía otra tonalidad, textura, brillo y olor.
Algo definitivamente había cambiado, en su realidad o en el sueño.
Es como que si un pedacito de su alma se hubiera escapado a otro lugar, ella estaba incompleta y no sabía dónde buscar ni qué hacer para recuperar eso que se había marchado.
Así durante meses vivió su duelo, pensando en aquello que perdió, que le robaron, esa parte de sí misma que la conformaba y completaba, a veces se preguntaba quién le había robado esa flama que hacía que todo lo viera en colores, que disfrutara los amaneceres, los sabores de los helados, el olor de las flores.
Después de años aún se despierta todas las mañanas con pesadez, con incertidumbre y con una nostalgia profunda por aquello que le robaron en sus sueños: un pedazo del alma.
Ladrones de almas

