El primer hombre en la luna

El primer hombre en la luna fumó un cigarro sentado en un cráter usando ropa normal. Obviamente no llevaba un casco. Se tomaba su café y paseaba por allí.

El descubrimiento de América fue en avión  y el continente ya tenía una muralla que separaba a Estados Unidos del resto. Los nativos aún usaban taparrabos y penachos, decían que les era muy cómodo. 

La vuelta al mundo se hizo en una semana pero Verne no supo cual reloj contar por el cambio de horario. El tiempo le resultó demasiado relativo.

El realismo mágico era un documental crónico que no entendió la audiencia. Se rechazó a la magia por esotérica y a la realidad por mágica.

I.
A las seis de la tarde en horario de invierno (a las siete en el de verano) se puede ver la luna con un cielo aún esclarecido por el sol. Es un azul muy particular cuando la contaminación permite que se pueda ver el cielo. Mientras Violeta disfruta de su tabaco forjado después de un día despotricado descansa viendo a la luna como una segunda casa en un lugar muy lejano, una sensación semejante a la de una nostalgia inexistente cuando se lee autores enterrados en el tiempo. 

A pesar de los días complicados, el paréntesis de la luna es un pequeño respiro para Violeta que fantasea en ser un astronauta solo para alejarse de su planeta natal. Se podría ver como una náufraga en el espacio. Decía que las nebulosas eran buenas para nadar.  

Se dice que en un lugar del mundo se encuentran unas escaleras que te llevan a la luna. No son perceptibles para el ojo humano pero existen. A veces las subes pero para llegar las tienes que bajar principalmente. No se necesita un casco con oxígeno, al contrario, nos estamos asfixiando aquí abajo en la tierra con nuestros propios deshechos. La luna te recibe con mejor disposición, no está tan cansada de nosotros, no le cae mal algo de compañía. 

Eso dibuja Violeta en su cuaderno sentada en el techo de su casa viendo la luna y creando ficciones de como sería su vida allá arriba. Una serie de cómics en la que se imagina siendo una astronauta o un extraterrestre de su propia tierra.  

En la escuela, desde su pupitre a veces se alcanza a ver la luna, ignora a la maestra que dice quien es Miguel de Cervantes mientras dibuja molinos en el cielo orbitando la luna.  A veces usa zapatos con peso para que la gravedad no se la lleve. Las bibliotecas en la luna ya importaron el Quijote para que Violeta se dé una vuelta.   

Desde la luna alcanza a ver la tierra y ve a su familia desde muy lejos. Le da algo de alegría verse independiente. 

<<Están mandando hombres a la luna>> lee su papá en el titular del periódico. No sabría la repercusión que tendría con su hija, no han espiado en sus cuadernos para saber que mandarían a su hija a su casa por antonamasia.

Desde la luna se ve la tierra y parece igual de solitaria. Se ve más tranquila, sin el ruido, las construcciones, los despertadores. No hay locura allá abajo, se podría pensar si ve de tal distancia. Allá abajo no hay más que idílicos colores y océanos. Pero recordaba que no era así. Recordaba los gritos y la demencia psicótica de la calle, recordaba las colisiones y la paradójica sensación desértica y multitud tumultuosa.  Se sentía bien paseándose en la luna.  

No se alcanzan a ver las murallas, no se entiende la geografía; líneas imaginarias, una ficción histórica creada por el hombre so pretexto de guerra. Parece un lugar fácil para recorrer a pie, a veces a vapor; no se creería de allá arriba/abajo que se necesitan tantos papeles para recorrer el mundo con el pseudónimo de “protección” escondiéndose atrás de la xenofobia.           

II.
Con ironía y sarcasmo Santiago canta << es el final del mundo como lo conocemos (y me siento bien)>>  R.E.M. Document. 1987. Buen disco, los disfruta en acetato. De esos entes anacrónicos que rechazan la tecnología y viceversa.
No se ha anunciado el fin del mundo o el Apocalipsis pero cuando anda por la calle se siente el inminente fin. Cuando se siente más pesimista simplemente desea que se pudiera acabar. —Cuando llegue el fantasma metafísico a decirnos que es el fin no intentaría salvarnos. —Piensa a si mismo. 

—Me gustaría tener una enfermedad terminal para no medicarme y sólo dedicarme a vivir sin miedo de las consecuencias, no tener el tiempo en tus manos para tener que afrontar las consecuencias. Me gustaría mucho. —Se dice a si mismo. 

El pesimista canta con ironía y sarcasmo la canción de R.E.M.  la canta en público con tono más cómico cuando las noticias inundadas de caos en la situación política y social, y si encima de eso hay un desastre natural la canta con orgullo.

Desde la tierna infancia se le ha dicho que es un pesimista, que no le gusta nada ni nadie. Como el huevo y la gallina no se sabe si nació así o se le inculcó a ser así. Ha llevado la categoría de marginal en sus oídos desde pequeño, haya sido implícito o no. 

III.
—¿cómo era tu vida en la tierra? —se preguntan de un cínico a una soñadora. En realidad nunca hubo mucho que conjeturar en la tierra. Los dos vivieron escapando de su realidad y vivir en la luna solo se les hacía de cuando en cuando un tanto surreal. 

La luna orbita sin su mundo. Carece de sentido pero no se necesita . 

<<¿qué hacías cuando el mundo acabó?>> <<escuchaba R.E.M. principalmente>>. En la luna había una biblioteca y una discoteca con muchos acetatos. No había mucho más que hacer.

Con una extraña nostalgia cuentan el tiempo desde cero. Olvidaron subir un calendario a la luna; a veces olvidan contar un día y se les pasa. No le importa mucho, no hay recepción social que les imponga miedo y la creación histórica —como las murallas— son una ficción de la humanidad cuando se dice la palabra progreso. Una de las ventajas de la luna es la falsa promesa de la historia. Efímera vida de dos humanos sin su reminiscente tiempo en la tierra sin necesidad de trascender, una carga menos por olvidar el calendario de la luna. 

Fotografía por Andrey Rachinskiy

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