¿Hubo alguna obsesión, idea fija o imagen que guió el proceso creativo del disco, aunque no sea evidente para el oyente?
Este disco esconde, por debajo de la tierra, una conexión muy profunda con los mundos agrestes y llenos de augurio en la literatura —como lo es el de Elena Garro, Juan Rulfo, Rosario Castellanos—; se fueron impregnando imágenes salpicadas de polvo, de silencio, sombras encharcadas en una noche infinita y perros aullando en un camino de terracería. Todo esto empezó a crear un corazón, una corriente atmosférica que fue reuniendo la esencia de cada canción poniéndolas en su propio mundo.
¿Cómo fue el proceso de decidir qué canciones sí y cuáles no formarían parte del disco?
Pensé escribir esta música alrededor de tres elementos: fuego, cristal, augurio. De estas esferas centrales se fueron ramificando y difuminando distintos matices, dando como resultado un recorrido ininterrumpido. Siguiendo esta lógica sensible, cada canción es un peldaño que construye una progresión y un ritmo para la escucha. Las canciones están agrupadas y seleccionadas en el mismo orden con el cuál empezamos a presentarnos en vivo antes de grabar el disco, por lo tanto la continuidad del disco nos lo fue brindando las necesidades perfomativas y el aliento del público.

¿Qué cambió en la manera de escribir, grabar o producir en este disco con respecto a grabaciones anteriores?
Este disco se intentó grabar previamente, meticulosamente, calculando cada paso que se daba, pero ninguna de estas versiones se completaron o salieron a la luz. En cambio, esta versión de Corre y suelta a los perros logró su objetivo porque nos permitimos ser impulsivos, rebeldes en su creación. Lo grabamos intensivamente en una semana a mitad de una mini gira por Veracruz; regresamos a Xalapa, nos metimos al estudio juntxs y grabamos todo. El disco es una extensión de esa unicidad y cohesión de un ensamble que va como un solo cuerpo.
¿Hubo alguna canción que costó especialmente terminar o soltar? ¿Por qué?
Cada canción tuvo sus propias necesidades, fuimos siguiéndoles el paso. Algunas pedían más cuidado que otras, pero si alguna nos detuvo en el proceso del disco fue la canción “Corre y a suelta los perros“. Siempre supe que quería grabarla en una toma, sin cortes. Nos aventuramos a grabar una version inicial con cajón, a dos voces y con una docerola; tenía más esperanza, era fresca, más ingenua.
No fue hasta que una noche de imprevisto canté con Cocotito de melón una versión a pura guitarra en una habitación llena de un eco orgánico y entendí que esa era la textura que estaba buscando, ese grado de sombra y susurro, más desnuda y respirada. El disco ya estaba mezclándose y, sin pensarlo, la noche siguiente estábamos grabando la nueva versión muy sutil y sin pausas. Nos tomó veinte minutos conseguir esa atmósfera y dimos por terminado el disco.
¿Qué rol jugaron la intuición y el error durante el proceso?
Uno completamente crucial. La presencia de lo indeterminado, lo improbable, fueron paradójicamente las bases de un disco edificado alrededor del vértigo, del juego, del presente. Escuchar el presente en el estudio fue importante. De hecho, tres canciones del disco tienen secciones que fueron construidas desde la improvisación como lo son “Desierto“, “Chiquito pa’ ciudad” y “Lo sagrado” con un grupo de cantantes brutalmente increíbles.
¿El orden de las canciones fue pensado como una narrativa? ¿Cómo se decidió el orden?
El orden de las canciones nos lo proporcionó la experiencia de tocar esta música en vivo. Los rincones de este mundo sonoro son un resultado de un proceso de 4 años de laboratorio en arreglo y conciertos. Fui observando cómo la música se acomodaba en el corazón de las personas y entendí cuál era el orden más contundente para que no soltaran nuestras manos y nos acompañaran ligeros y sin esfuerzo en el viaje de Corre y suelta a los perros.

¿Con qué compositorxs, músicxs, bandas, productorxs y estudios te gustaría colaborar en un futuro?
Me encantaría continuar colaborando con amistades de la comunidad compositora de Xalapa. Mi sueño también sería colaborar con aquellxs que han buscado horizontes musicales fuera de Veracruz como Fuensanta y con otrxs músicos de otras partes del país como, Abro Parentesis, Anthony Escandón, Mar del Desierto, Jimena Inch, Niño Flor, o fuera del país como Monica María y Javiera Electra.

Unx cantautorx de Xalapa, Veracruz trasndiciplinarix entre la música y teatro.
