Certificado de presencia, decía Barthes
Mi madre me trajo una cámara nueva—vieja—. La encontró mientras limpiaba la casa de mi abuela—su madre—. Una Minolta. Sucia, pero funcional. Recordé que ella me ayudó a comprar mi primera cámara profesional, durante la universidad. Al inspeccionar la máquina, apunté el visor hacia ella. Mi madre en un cuadro. ¿Cuántas fotos tengo de ella, de mi padre, de mi hermano, de mi hermana? Pienso que el sonido del obturador dicta una sentencia. Cada fotografía mata dos veces:
1. cuando se toma,
2. cuando alguien la mira.
Tomar fotos para después. Después significa: para cuando no estén.
Fotografía por Mónica Ochoa.

Sonorense de nacimiento, Sinaloense por convicción y permanencia. Filmo, fotografío, escribo, y principalmente contemplo. Busco dar forma a las ideas para crear(nos) con ellas.
