Cartografía del gesto

¿En qué piezas o proyectos has estado trabajando últimamente?
Este año abrí el estudio a la pausa y a mirar de frente las imágenes. De ahí surge Afantasía en la era del simulacro: del Nacimiento de Venus a la imagen generativa, una investigación que cruza el canon clásico con herramientas de IA y retoma la noción de Still-Morte de Vera Mercer como tensión entre lo dispuesto y lo imprevisto. Retratos en colaboración y naturalezas “dirigidas” que se resuelven en el tiempo del taller, con confianza y escucha como método. En paralelo, sigo trabajando Send Nudes, proyecto inspirado en la obra A través del espejo de Joan Fontcuberta y operando desde 2018 a partir de una convocatoria abierta y consensuada de selfies al desnudo llevadas a pintura, que hoy leo con distancia y con nuevas capas sobre intimidad, presencia y representación; ese proceso se presentará en una individual en Tucson en noviembre de 2025. Vuelvo también a Pxrnpics con dos piezas nuevas que afinan la fricción entre el píxel aprehendido y la materia del óleo; se verán en una colectiva del 3 de septiembre en Obra Gris (CDMX). Y el 23 de octubre en Capilla del Arte (Puebla) presento 3 obras de El desayuno, proyecto que nació como performance también en 2018. En conjunto, todo apunta a lo mismo: sostener una práctica atenta, crítica y cercana, sin prisa por “cerrar” lo que todavía está pensándose.

¿Qué aprendiste (o desaprendiste) mientras trabajabas en ello?
Aprendí a darle sitio a la pausa. A sostener zonas en suspenso y permitir que la imagen marque el ritmo. La sorpresa aparece cuando no la fuerzo: cuando escucho el proceso, encuentro decisiones que el concepto no veía. Desaprendí la prisa por “cerrar” y el impulso de explicar de inmediato. Prefiero el gesto que abre camino a la consigna que lo clausura. Pinto para pensar; si intento que el cuadro sea fin y no medio, se vuelve más estrecho de lo que pide.

¿Qué palabras, ideas o emociones te rondaban la cabeza?
Esperar. Presencia. Complicidad. Un umbral entre pantalla e imagen encarnada, y ahí el deseo como pregunta. Fragilidad entendida como precisión, no como debilidad. Días de calma que ordenan y días de vértigo que empujan a mover la mirada. También una idea obstinada: más que perseguir una novedad ruidosa, afinar una resonancia propia; que la obra se sostenga por sentido y no por volumen.

¿Hubo alguna conversación, película, música o libro que se haya colado en ese trabajo?
Sí. Los encuentros fortuitos con Tessa Ía en el estudio detonaron dos retratos que hoy se leen dentro de Afantasía; su aparición, en medio de una investigación sobre “imagen generativa”, terminó siendo un guiño semántico que me gustó conservar. En el plano teórico, vuelvo seguido a Arthur Danto, Después del fin del arte: me recuerda que la obra es forma de pensamiento y que el medio no es un destino. De Giorgio Agamben, Nudities, me acompaña la idea de contemporaneidad como ese mirar la zona oscura del presente —“percibir, en la oscuridad del presente, esa luz que intenta alcanzarnos y no puede”—, algo que atraviesa tanto Send Nudes como Afantasía en su juego de revelar y retener. Y Régis Debray, Vida y muerte de la imagen, me sirve para no romantizar: la imagen también es dispositivo, rito, promesa; su “mística” puede ordenar conductas si no se interroga.

En paralelo, Severance dejó eco: protocolo, segmentación de la experiencia, obediencia estética. Pensé la pintura como posible aparato de adoctrinamiento cuando se absolutiza su misterio técnico. La salida, en mi caso, es restarle doctrina a la imagen: abrir fisuras en el proceso, permitir pausas que devuelvan agencia a lo que sucede delante del cuadro.

¿Qué fue lo más difícil que enfrentaste este mes en tu proceso creativo?
Sostener un hilo claro con cuatro frentes abiertos a la vez: docencia (y un libro en producción), dos inauguraciones en el Museo de la Cancillería, la segunda edición de Salón Mesones y el trabajo de sentido dentro del estudio. No faltaron ideas; sobró interferencia. Lo resolví con mínimos muy concretos:

– un bloque ciego diario de estudio sin mensajes ni pendientes;
– una hoja de ruta semanal por proyecto;
– descanso real sin pantalla cuando el ojo ya no decide.

Si pudieras cenar en cualquier restaurante de la ciudad esta noche, ¿dónde sería y qué pedirías?
Esta noche iría a Charco por el magret de pato; crujiente, bien sellado, salsas precisas. Si el antojo vira a lo mediterráneo, cambio rumbo a Zinco y pido los pulpos a la griega. Ambos en el corazón de la CDMX.

Si este mes tu vida fuera una película, ¿qué título tendría y quién haría el soundtrack?
Título: Cartografía del gesto
Soundtrack: Sebastián Lechuga × Rubio × Juan Son

Recomiéndanos algún artista que sigas, que te inspire, y dinos qué es lo que más te gusta de su trabajo o de su forma de trabajar.
Elegir a una sola persona es casi un delito, pero si tuviera que señalar un referente diría Andrea Garay: me inspira su poética interdisciplinar de la cotidianidad, cómo vuelve los pequeños gestos partituras sensibles y hace del espacio un cuerpo vivo.

En el mapa cercano: Remi Cárdenas, por su investigación del tiempo depositado en la materia; Carmen Bado, por la lucidez con que piensa el cuerpo como territorio; Alejandro Palomino, por la mística y la sombra que atraviesan su trabajo; Osamu Obi, por las capas que construyen profundidad táctil; Félix González-Torres, por la economía formal que sostiene afecto y política sin subrayados; y María Eugenia Chellet, por el humor feroz y la inteligencia con que pone el cuerpo en juego. Todos, a su modo, me recuerdan que la obra se piensa trabajando.