Lugar de taxidermia

¿Cómo nació la idea de este libro?
La taxidermia es una práctica por la que siempre había sentido mucho interés e incomodidad a la vez. Presente en los museos y con motivos, en apariencia, únicamente científicos y de conservación, la taxidermia guarda en el fondo razones mucho más humanas y universales. La idea anterior surgió, con mucha claridad, en el Museo de la Evolución de Puebla, que alberga una de las colecciones más grandes de taxidermia que he visto. Disecadas, las especies más exóticas hasta las más comunes guardan en común la simulación de algo que ya no existe, un tiempo perfecto por su quietud, pero desprovisto de vida. Me di cuenta, entonces, que la taxidermia es una práctica común de quienes hemos sentido la urgencia de que algo permanezca, cuando la naturalidad de las cosas que viven es que mueran, inminentemente. 

¿Qué descubriste en el proceso de escribirlo que no imaginabas al inicio?
Formas de conservación. Aunque la taxidermia es la insignia de este proceso creativo y de este libro, sabía que no podía ser la única forma de conservar y, además, que la incomodidad que nos causa es porque no soportamos mirar a lo no vivo a los ojos y no encontrar nada en el fondo. Sin embargo, las otras formas más comunes de ralentizar los procesos de muertes son, en la actualidad, más asimilables por ser comunes: sacar fotografías, congelar, salar o fermentar. Algunas de estas fueron clave para la preservación útil de los alimentos en los primeros tiempos y otras, más a capricho, nos permiten incluso conocer personas que de otro modo no pudiéramos ver nunca. Creo que, de todo, ver que la conservación y la taxidermia son actos que vienen desde nuestra urgencia de vencer al tiempo y a la muerte o el olvido, fue lo más bello que encontré. 

¿Qué partes tuvieron que quedarse fuera para que el libro quedara como está?
Más que partes, hubo una poda de poemas que – si bien se relacionaban de alguna forma con el tema humano – salían de los tonos que quería ir explorando en el libro. Al mismo tiempo, era un libro pensado en una sola parte al principio; luego vino la idea de las salas de museo y que su lectura funcionara como una visita a uno. También el título sufrió varias transformaciones: pasó de llamarse Museo de historia natural (a la manera de José Watanabe) a llamarse La memoria es un lugar de taxidermia a, finalmente, Lugar de taxidermia. Estas decisiones las fui tomando conforme revisaba las retroalimentaciones de las lecturas que colegas y amigxs me hacían de las primeras versiones del libro, por 2021 y 2022.

¿Qué conversaciones, lecturas, imágenes o sonidos se cruzaron en la escritura de este libro?
Fueron estímulos de todo tipo. Desde experiencias personales, cartas que tenían años guardadas, fotografías, muchas visitas a museos de historia natural, manuales de disección y taxidermia de animales. Libros como Historia Natural, y en general la obra de José Watanabe; Antitierra, de Valeria TentoniUna ballena es un país de Isabel ZapataPrincipia y El reino de lo no lineal, de Elisa Díaz Castelo y seguramente muchas otras que olvidaré mencionar. También ensayos y textos de corte naturalista como el Mors repentina y Notas de un anatomista, de Francisco González Crussi. Tuve muy presentes también imágenes tomadas por mí en las que se concentraba alguna idea relacionada con la conservación y también, por supuesto, la memoria familiar y personal, con la intención de fijarla en algún sitio. 

¿Hay una emoción o pregunta que lo atraviese de principio a fin?
Quizás la pregunta principal sería si podemos sostenerle la mirada a la muerte y al olvido. La siguiente sería si acaso la conservación es suficiente para poder hacerlo. Y la última, el para qué, entonces, seguimos insistiendo. Cada persona que me ha dado algún comentario tiene respuestas distintas a las tres preguntas. 

¿Hubo un momento en el que sentiste que el libro cambió de rumbo?
Sí y creo que hubo, en realidad, dos momentos. El primero tuvo que ver con la estructura y el orden de los temas que se entretejían en el libro. Una vez que se tomaron las decisiones, vino el segundo momento, en el que la segunda parte del libro debía tener un tono distinto a las otras dos partes, incluso si la forma del poema le beneficiaba o no. Al final, creo que estos momentos de crisis fueron necesarias para que Lugar de taxidermia tomara la forma que hoy tiene y, aunque como creadora, jamás estaré conforme en su totalidad, acepto que el poemario también tenga ciertas necesidades estílisticas y el momento en el que una tiene que parar, porque es lo mejor para el discurso que una misma planteó. 

¿Cómo cambió tu manera de leer o de mirar después de terminarlo?
Creo que el proceso tan largo y detallado de Lugar de taxidermia, me hizo mucho más paciente y rigurosa tanto en mi escritura como en mi lectura. Desde el proceso de este libro no puedo leer, por ejemplo, sin tener algo a la mano con qué ir anotando o subrayando cosas. Igualmente, el ir trabajando versiones de forma paralela sin borrar las anteriores; también la organización de mis lecturas de acuerdo con lo que quiero leer y lo que, de alguna forma, se relaciona con mis intereses creativos a largo plazo. Creo que, en general, el proceso de escritura de este libro me hizo equilibrar la intuición con el rigor y hacerlos funcionar según mis procesos los vayan necesitando. 

¿Qué autorxs te inspiran últimamente y qué encuentras en su forma de escribir?
El proceso creativo en el que estoy ahora está aún ocurriendo; por lo tanto no podría dar una respuesta tan categórica. Lo que sí es que, por el tema, estoy tratando de nutrirme de todas las perspectivas que pueda para poder ir tomando decisiones y rumbos en la escritura del proyecto. También he visto mucho cine y, de forma más personal, también me están nutriendo las conversaciones que tengo al respecto con amigxs o conocidxs. Creo que lo que más me gusta es encontrar siempre los puntos que hacen únicas las experiencias y, al mismo tiempo, cómo se pueden interconectar entre sí. Hacer notas y el análisis del contenido de ellas hasta llegar a la idea es una cosa que disfruto mucho. 

¿Cuál es tu restaurante favorito y qué nos recomiendas pedir?
La pregunta más difícil de contestar. Creo que depende de lo que quiera comer, pero la mayoría están en Mérida, dado que resido aquí permanentemente. Me gusta mucho la comida italiana de Dal Baffo; los salbutes de relleno negro de “Las margaritas” del Chembech; y las hamburguesas de Truck Chef, 21/12 y Flamante. Y de dulce, mis helados favoritos son los de Pola, en Santa Lucía, en Mérida.