¿Cómo nació este local y qué lo hizo diferente desde el principio?
Nació de la idea de crear un espacio donde el postre fuera el protagonista, donde los sabores, texturas y aromas que conocemos estuvieran representados de una forma dulce. No buscábamos solo vender postres o café; queríamos que la gente encontrara un lugar que se sintiera cálido, cuidado y pensado hasta en los pequeños detalles.
Siempre el punto clave fue la calidad, la estética y hacer cosas que se vieran bien, pero sobre todo que supieran todavía mejor.

¿Qué parte del día, del espacio o del proceso creativo disfrutan más quienes trabajan aquí?
Probablemente el momento de llegar y comenzar nuestras actividades del día. Cuando todo el equipo empieza a trabajar en su área, cuando comienza a oler a pan recién horneado, cuando se les da la última decoración a los postres y todo comienza a salir a vitrina.
También disfrutamos mucho la parte creativa: probar recetas, ajustar detalles, cambiar vitrinas, montar productos o pensar cómo hacer que algo cotidiano se vea especial.

Si alguien entra por primera vez, ¿qué es lo que no debería perderse?
Sin duda nuestros roles de canela. Son la razón de ser de Canneloni. El primer producto que comenzamos a vender hace 7 años y que nos ha acompañado en todo este camino.

¿Cuál ha sido un desafío interesante que los haya hecho replantearse algo sobre el proyecto?
Entender que crecer no siempre significa hacer más, sino hacer mejor. Hemos tenido que replantear espacios, procesos y hasta la forma de exhibir el producto para que realmente refleje lo que somos. A veces menos es más, y eso también aplica para un proyecto creativo.

¿Qué influencia, idea o referencia sigue guiando lo que hacen hoy?
La idea de que todo está en los detalles, más si se trata de comida. Desde una receta hasta cómo se ve una vitrina o cómo recibe el espacio a alguien que entra por primera vez.
Nos inspiran mucho las cafeterías, panaderías y proyectos donde todo parece sencillo, pero detrás hay muchísimo trabajo.

¿Qué lugar, proyecto o persona los ha inspirado últimamente y por qué?
Nos inspiran mucho los proyectos que mezclan gastronomía, diseño y experiencia. Lugares que no solo venden algo, sino que construyen identidad.
Proyectos como Vulevú Bakery, Amaoto, Bleu y Mignon, por mencionar algunos, son negocios que seguimos y aplaudimos por su trabajo y la forma en que hacen las cosas.

Si su espacio pudiera invitar a alguien a colaborar por un día, ¿quién sería y qué harían juntos?
Invitaríamos a Gerardo y a Ricardo de Amaoto. Un proyecto que en lo personal he seguido desde hace tiempo y con el que me encantaría realizar una colaboración.
Sería una cena de postres, donde los postres sean los protagonistas de la noche.

¿Hay algún objeto, rincón o detalle del lugar que tenga una historia que pocos conocen?
La mayoría del equipo. Es el mismo equipo con el que comenzamos hace 7 años en mi casa. Más que herramientas de trabajo, son un baúl de recuerdos de donde todo comenzó y el recordatorio de lo lejos que hemos llegado.

Si este proyecto fuera una ciudad, un libro o un disco, ¿cuál sería y por qué?
Podría ser Copenhague, porque tiene esa mezcla de estética, calidez, buena gastronomía, detalles y la idea de que lo simple puede ser extraordinario.
Y en cuanto a música, sin duda Jungle de The Blaze. Transmite cientos de emociones que, al igual que los postres y el café, hacen sentir un apapacho al corazón.

Fusionamos la estética y el sabor de un buen postre.
Zacatecas, Zac.
México
