¿Cómo nació este local y qué lo hizo diferente desde el principio?
Breton nació en 2013, inspirado en las tradiciones de la cultura francesa alrededor de la mesa: el valor de compartir una comida sin prisa, el cuidado en los detalles, el respeto por lo hecho en casa, por los ingredientes locales y de alta calidad, y esa elegancia sutil que no necesita exagerarse para sentirse especial.

Desde el principio tuve claro que quería que Breton fuera ese lugar al que llevas a alguien para consentirlo: una visita que viene a Querétaro y quieres hacer sentir especial en un espacio cálido, elegante, sencillo y sin pretensiones.

Creo que esa experiencia hecha con intención, junto con una propuesta gastronómica muy francesa —platillos sencillos, bien ejecutados y distintos— fue lo que nos diferenció desde el inicio y nos convirtió en un punto de encuentro en el corazón del Centro Histórico de Querétaro.

¿Qué parte del día, del espacio o del proceso creativo disfrutan más quienes trabajan aquí?
Los momentos favoritos son cuando tenemos la casa llena: cuando se escucha la cafetera trabajando, el aroma del café recién hecho invade el espacio, suenan los sartenes, se mezclan las risas y conversaciones de quienes nos visitan, y todos estamos dando el 100%.

Hay algo muy especial en asomarnos por la ventanita de la cocina y ver a la gente bajar con una sonrisa. Ese momento nos recuerda por qué hacemos lo que hacemos.

Si alguien entra por primera vez, ¿qué es lo que no debería perderse?
Sin duda, un café. Para quienes aman el café, empezar el día con uno bien hecho hace toda la diferencia. Y cuando decimos bien hecho, hablamos de técnica, cuidado y gusto por el proceso. Trabajamos con grano mexicano, directamente de productores de Veracruz, de la finca La Noria.

Después recomendaría el Croque Madame, uno de los platillos icónicos de Breton y un clásico del almuerzo francés: pan hecho en casa todos los días, jamón ahumado artesanal de productores locales como Erlum, queso gruyère, salsa bechamel preparada aquí y un huevo estrellado encima.

Creemos mucho en trabajar con personas con gusto y esmero por lo que hacen; cuando los ingredientes son buenos y el proceso se hace con cariño, difícilmente falla.

¿Cuál ha sido un desafío interesante que los haya hecho replantearse algo sobre el proyecto?
Han sido etapas constantes de replanteamiento, especialmente en los últimos años. Los cambios del mercado, la relevancia de las redes sociales y el crecimiento acelerado de la ciudad nos obligan a ajustar muchas cosas constantemente.

El reto ha sido encontrar el equilibrio entre evolucionar sin perder la esencia de Breton: mantener la autenticidad del origen, pero también entender que un proyecto debe seguir creciendo y adaptándose.

Es un ritmo acelerado, y uno aprende que también hay que respetar los tiempos de cada proceso.

¿Qué influencia, idea o referencia sigue guiando lo que hacen hoy?
Una idea que me sigue guiando es algo muy simple: todo a su tiempo.

Es fácil dejarse llevar por el ritmo acelerado de la ciudad o por las tendencias del gremio, pero creo que eso puede hacerte perder la esencia y el cuidado de cada proceso.

A pesar de todas las herramientas y formas de hacer comercio hoy, sigo creyendo profundamente en el valor de lo humano: la atención personal, el encuentro entre personas, la conversación. En Breton eso sigue siendo fundamental, aunque a veces parezca poco práctico para los tiempos actuales.

¿Qué lugar, proyecto o persona los ha inspirado últimamente y por qué?
Me inspira mucho el chef Eduardo García, no solo por su talento en la cocina, sino también por su historia como emprendedor y líder.

Me inspira recordar que cuando realmente quieres construir algo, al final se trata de ponerse manos a la obra —o manos al sartén— y hacerlo.

Admiro especialmente cómo trabaja la cocina francesa desde lo esencial: seleccionar buenos insumos, respetar las recetas y cocinar como en casa. Me encanta ver a un mexicano reinterpretar esa cocina con tanta honestidad, y encuentro mucha inspiración en esa forma de hacer las cosas.

Si su espacio pudiera invitar a alguien a colaborar por un día, ¿quién sería y qué harían juntos?
Probablemente invitaría al chef Eduardo García y a su esposa, Gabriela.

Más allá del éxito que han construido, siento que podríamos tener una conversación muy honesta sobre lo que significa abrir un restaurante: ese miedo de abrir las puertas por primera vez y preguntarte “¿qué rayos estoy haciendo?, ¿de verdad a alguien le va a gustar esto?”

Creo que todos los que hemos emprendido en este gremio hemos vivido ese momento. Sería muy valioso compartir historias, recordar ese inicio y abrazar esa parte vulnerable del camino.

¿Hay algún objeto, rincón o detalle del lugar que tenga una historia que pocos conocen?
Sí: la terraza, o el segundo piso.

Cuando encontré este espacio, la casa llevaba varios años deshabitada y estaba muy deteriorada, como suele pasar con muchas casas del centro. La segunda planta era prácticamente una azotea con pequeños cuartos de techos bajos. En ese momento no podía costear la renta del local y la de una casa, así que decidí vivir ahí.

Recuerdo perfectamente limpiar y pintar los muros para hacerlo un poco más habitable. Bajaba de “mi casa” a las 5 de la mañana para empezar el día con don Anastasio, nuestro maestro panadero de aquel entonces; abríamos Breton a las 8 y terminaba subiendo otra vez cerca de las 11 de la noche. Breton era mi casa, era mi todo.

Fue una etapa muy dura —aunque hoy la recuerdo con cariño— y duró poco. A mediados del primer año pude mudarme a un departamento y empecé a acondicionar ese espacio hasta convertirlo en lo que hoy es la terraza.

Ahora me emociona pensar que ese lugar que alguna vez fue mi casa hoy recibe a personas que vienen a desayunar y compartir tiempo juntas. Me quedó esa sensación de recibir a la gente, literalmente, en mi casa.

Si este proyecto fuera una ciudad, un libro o un disco, ¿cuál sería y por qué?
Platicaba sobre esta respuesta con Adriana, gerente de Breton, quien colabora conmigo desde que inicié, y las dos coincidimos: si Breton fuera una ciudad, sería Montreal.

Breton se parece a esta ciudad: una mezcla poco común que, de alguna manera, funciona de forma hermosa. Tiene la calidez del mexicano, pero también cierta formalidad y sensibilidad francesa.

Aquí conviven personas muy distintas: mexicanos, queretanos, franceses, europeos, asiáticos, figuras públicas reconocidas, pero también familias, grupos de amigos o alguien que simplemente viene a desayunar y disfrutar solo.

Aquí coinciden personas de distintas edades, estilos de vida e historias, y creo que justamente esa mezcla es parte de lo que le da identidad a Breton.

Respuestas por Myriam Sánchez, Fundadora de Café Breton.