¿Cómo nació este local y qué lo hizo diferente desde el principio?
Nuestro propósito siempre ha sido ofrecer café de especialidad de Guatemala, un trato cercano entre el cliente y el barista, y panadería de alta calidad. Queríamos traer un pedacito de Guatemala a México y compartir no solo los sabores, sino también la hospitalidad y calidez que caracterizan a nuestra cultura.

¿Qué parte del día, del espacio o del proceso creativo disfrutan más quienes trabajan aquí?
Disfrutamos mucho cuando llega el café recién tostado: catarlo, sentarnos a tomar una buena taza y platicar con el barista. También nos gusta simplemente observar el ambiente y el diseño de la cafetería, ver cómo las personas habitan el espacio y hacen suyo el momento.

Si alguien entra por primera vez, ¿qué es lo que no debería perderse?
Definitivamente el flat white y el sándwich de jitomates deshidratados.

¿Cuál ha sido un desafío interesante que los haya hecho replantearse algo sobre el proyecto?
Uno de los retos más interesantes ha sido abrir nuevas sucursales y lograr que cada una tenga una identidad distinta, sin perder la esencia del proyecto.

¿Qué influencia, idea o referencia sigue guiando lo que hacen hoy?
Guatemala sigue siendo nuestra mayor inspiración. La cultura, el café, la hospitalidad y la manera en la que las personas conviven allá continúan guiando todo lo que hacemos.

¿Qué lugar, proyecto o persona los ha inspirado últimamente y por qué?
Nos inspira la idea de poder tener una cafetería en cada barrio para estar más cerca de las personas y formar parte de su vida cotidiana.

Si su espacio pudiera invitar a alguien a colaborar por un día, ¿quién sería y qué harían juntos?
Nos encantaría recibir al fundador de The Barn para que probara nuestros cafés y pudiera compartirnos comentarios sobre cómo seguir creciendo y evolucionando como proyecto.

¿Hay algún objeto, rincón o detalle del lugar que tenga una historia que pocos conocen?
La muñeca quitapenas está presente en cada sucursal y también en nuestras bolsas de café. La tradición cuenta que, si le cuentas tus penas a estas muñecas, desaparecen. Nosotros nos inspiramos en esa idea para que, cuando alguien visite la cafetería y converse con los baristas, sus preocupaciones se sientan más ligeras.

Si este proyecto fuera una ciudad, un libro o un disco, ¿cuál sería y por qué?
Sería Guatemala, porque la gente allá es muy hospitalaria y nosotros buscamos transmitir exactamente esa misma sensación.

Respuestas por Anais González López Velarde, gerente comercial de Café Chapín.