¿Cómo nació este local y qué lo hizo diferente desde el principio?
Bombs nació como una respuesta personal a la pandemia. En medio de la incertidumbre, surgió la necesidad de construir algo propio, con visión y carácter. La intención fue traer a Durango un concepto distinto: un espacio que combinara técnica, innovación en bebidas y una inspiración clara en proyectos internacionales que entendían el café como experiencia, no solo como consumo. Desde el inicio, la diferencia estuvo en esa ambición: elevar el estándar sin perder cercanía.

¿Qué parte del día, del espacio o del proceso creativo disfrutan más quienes trabajan aquí?
El momento previo a abrir. Cuando horneamos los postres del día, calibramos el molino y el primer espresso marca el ritmo del día. Es un espacio silencioso, casi íntimo, donde todo se define antes de que llegue el movimiento.

Si alguien entra por primera vez, ¿qué es lo que no debería perderse?
La barra y el espresso, que es nuestra forma más honesta de presentarnos. Y, definitivamente, las bebidas de temporada: ahí es donde exploramos, arriesgamos y mostramos la parte más creativa del proyecto.

¿Cuál ha sido un desafío interesante que los haya hecho replantearse algo sobre el proyecto?
Aprender a sostener un concepto innovador en una ciudad tradicional. Entender cómo educar al cliente sin imponer, cómo introducir nuevas ideas sin perder identidad. Ha sido un proceso constante de equilibrio.

¿Qué influencia, idea o referencia sigue guiando lo que hacen hoy?
Hemos tenido la fortuna de rodearnos de personas que entienden el café con profundidad. Dany, de Luum, ha sido clave por la calidad de su grano y por su criterio al hablar de procesos, perfiles y consistencia; nos enseñó una forma más disciplinada de calibrar.

Y también Chano, de Mamboretá, quien, cuando recién empezamos en este camino del café de especialidad, nos ayudó a entender nuestra máquina, nos compartió recetas y granos excepcionales para hacer filtrados y ajustes.

¿Qué lugar, proyecto o persona los ha inspirado últimamente y por qué?
Nos inspiran los proyectos que mantienen coherencia en el tiempo. Los que no cambian su esencia por tendencia, sino que evolucionan desde su identidad; eso los convierte en proyectos atemporales.

Si su espacio pudiera invitar a alguien a colaborar por un día, ¿quién sería y qué harían juntos?
Invitaríamos a alguien que entienda el café como cultura, no solo como producto. Haríamos una sesión abierta: conversación, extracción y escucha. Más intercambio que espectáculo.

¿Hay algún objeto, rincón o detalle del lugar que tenga una historia que pocos conocen?
Antes de ser Bombs, este local era una miscelánea tradicional. De niño venía aquí a comprar los dulces que me gustaban; los dueños eran amigos de mi familia. El simple hecho de que este espacio haya pasado de ser una tienda del barrio a una cafetería de especialidad ya es parte de su historia. Pocos saben que aquí empezó también una parte de mi infancia.

Si este proyecto fuera una ciudad, un libro o un disco, ¿cuál sería y por qué?
Sería un disco de Luis Miguel. Precisión, elegancia, disciplina y una ejecución impecable detrás de algo que parece natural y ligero. Hay técnica, hay producción, hay detalle, pero lo que se percibe es emoción.

Respuestas por David Garcia, fundador de Bombs Coffee