¿Cómo nació este local y qué lo hizo diferente desde el principio?
Blah Blah Café nació hace aproximadamente cinco años como un sueño muy personal: crear un espacio donde la gente pudiera sentirse en casa sin estar en casa. Abrimos oficialmente en noviembre de 2024, y desde el inicio supimos que no queríamos ser sólo una cafetería.
Nos enfocamos profundamente en la atmósfera, en la sensación al entrar, en los detalles que construyen una experiencia completa. Lo diferente fue que pensamos primero en cómo queríamos que la gente se sintiera, y después en el café. El concepto siempre fue enfocarnos en nuestra comunidad.

¿Qué parte del día, del espacio o del proceso creativo disfrutan más quienes trabajan aquí?
Disfrutamos mucho las mañanas tranquilas, cuando el espacio se va llenando poco a poco y cada persona enciende la vibra del lugar. Pensamos hasta en el detalle de las playlist que ponemos, si son días lluviosos, de sol o de frío.
También disfrutamos los días de talleres y/o activaciones: cuando las mesas se llenan de cerámica, acuarelas o copas de vino, el lugar se transforma y se vuelve un punto de encuentro creativo. Ver cómo las personas conectan entre ellas es probablemente la parte más gratificante.
Nos encargamos de hacer por lo menos un taller o activación semanal. Desde talleres de cerámica, hasta DJ beats o exposiciones de arte.

Si alguien entra por primera vez, ¿qué es lo que no debería perderse?
Que se tome unos minutos para observar. Cada spot está pensado intencionalmente en el concepto que queremos transmitir. Los murales, las plantas, los cuadros, la música del día… Y que pregunte por los talleres o eventos de la semana. Más que una bebida, lo que no deberían perderse es la experiencia completa del espacio.

¿Cuál ha sido un desafío interesante que los haya hecho replantearse algo sobre el proyecto?
Uno de los desafíos más importantes ha sido mantener la esencia mientras crecemos. Al convertirnos en un lugar con visitas diarias y una comunidad muy fiel, entendimos que ya no era solo nuestro sueño, sino también el espacio de muchas personas. Eso nos hizo replantearnos decisiones desde la perspectiva de comunidad, no solo de negocio. El conocer a nuestros clientes, también nos hace querer estar innovando, cambiando y mejorando su experiencia día con día.

¿Qué influencia, idea o referencia sigue guiando lo que hacen hoy?
La idea del “tercer espacio”: ese lugar entre casa y trabajo donde uno puede simplemente ser. Nos guía mucho el concepto de crear atmósferas donde el diseño, la música, las plantas y el arte convivan para generar una sensación acogedora y auténtica.

¿Qué lugar, proyecto o persona los ha inspirado últimamente y por qué?
Nos inspiran los proyectos que mezclan hospitalidad con arte y comunidad, especialmente espacios independientes que priorizan la experiencia humana sobre la tendencia. Más que un nombre en específico, nos inspira la valentía de quienes construyen conceptos con identidad propia.

¿Si su espacio pudiera invitar a alguien a colaborar por un día, quién sería y qué harían juntos?
Nos encantaría colaborar con un artista multidisciplinario que pudiera intervenir el espacio en vivo —mezclar arte, música y café en una experiencia colectiva—. Donde el café se convierta en punto de encuentro para distintas disciplinas y momentos creativos.
También disfrutamos mucho colaborar con marcas mexicanas que creen profundamente en su proyecto. Cuando dos o más marcas con identidad y propósito se unen, la energía cambia: se siente auténtica, y nosotros buscamos autenticidad. Nos emociona generar sinergias que no solo sumen productos, sino que construyan experiencias únicas para nuestra comunidad.

¿Hay algún objeto, rincón o detalle del lugar que tenga una historia que pocos conocen?
En la parte de arriba del café hay una pintura muy especial. Fue creada en 1972 por mi abuelo, Miguel Fernández. Él no era pintor ni artista de profesión, pero tenía esa necesidad constante de crear con las manos y el corazón. Un día decidió pintar; fue el único cuadro que hizo. Le gustaban los lugares tranquilos, los peces y las aves, y eso fue lo que dejó plasmado en el lienzo. Nunca lo terminó.
Muchos años después, durante la pandemia, a mí también me nació la necesidad de pintar. Fue entonces cuando me habló de ese cuadro inconcluso y quiso regalármelo para que yo lo terminara. Poco tiempo después, mi abuelo falleció, y pensé que la pintura también se había perdido. Meses más tarde la encontramos, como si nos hubiera estado esperando.
La restauré y entendí que no necesitaba completarla. Así, tal como está, es perfecta. Hoy cuelga en Blah Blah Café y se ha convertido en “la pieza que faltaba”; una forma de sentir que una parte de él sigue acompañándome en este sueño.

Si este proyecto fuera una ciudad, un libro o un disco, ¿cuál sería y por qué?
Disco: In Between Dreams, Jack Johnson
Respuestas por Andrea Fernández, fundadora de Blah Blah Café

Your All-Day Spot
Café + Brunch + Libros + Vinilos
Torre Ambar I, Via Cordillera
Monterrey, N. L.
México
