-

La muerte según el padre
Forcejeabas inútilmente, ser incrédulo; llorabas como un infante. ¡Padre, tu ironía! Cuestionaba tus incapacidades filosóficas, tus deformidades temperamentales. Me levanté de la colchoneta donde yacía, recordando las veces que admitiste querer estar muerto. Imaginabas servicios funerarios: el regocijo de tu fallecimiento, el martirio colectivo de tu inexistencia.
-

Habitaciones
Johana eventualmente se levantó y atravesó lentamente la habitación, movimientos cautelosos, sutilmente aterrados. Susurrándole palabras incómodas y desapegadas, levantó a Irene de la cuna, liberándola de la insoportable vergüenza de yacer un momento más en ella.
-

María
Fantaseábamos, raramente, con estrangularnos. Imaginábamos nuestras extremidades lánguidas, la familiaridad de nuestra vergüenza, nuestra desnudez, la deformidad de nuestros genitales, nuestra virginidad irrevocable.

