Las inquietudes

¿En qué piezas o proyectos has estado trabajando últimamente?
Actualmente, a nivel fotográfico, estoy bastante centrado en mi marca de joyería Elída C, que creé hace ocho años junto a mi pareja, Marc Lago. Ahora mismo estamos definiendo lo que será la próxima sesión de fotos que realizaremos.

Por otro lado, tengo en mente retomar la producción de mi primer fotolibro. Hace un par de años llegué a hacer uno; de hecho, aún tengo varias cajas con ellos, pero no quedé del todo contento con el resultado y me gustaría perfeccionarlo.

¿Qué aprendiste (o desaprendiste) mientras trabajabas en ello?
Con la producción de mi primer fotolibro (no publicado), aprendí que, por mucho que uno quiera hacerlo todo de forma autónoma, a veces es mejor buscar un equilibrio y dejarse guiar para ampliar el punto de vista.

¿Qué palabras, ideas o emociones te rondaban la cabeza?
Siempre trabajo desde la nostalgia y la melancolía. Me interesa rememorar sentimientos de mi pasado mientras capturo determinados instantes.

¿Hubo alguna conversación, película, música o libro que se haya colado en ese trabajo?
El cine y la literatura siempre me inspiran mucho a la hora de crear. La verdad es que no suelo ser consciente de qué obra concreta me influye, porque fluctúo bastante entre estilos musicales, películas y libros. Diría que es una mezcla de todo aquello que, en ese momento, me obsesiona.

¿Qué fue lo más difícil que has enfrentado últimamente en tu proceso creativo?
Aprender que lo que uno imagina no siempre es lo que termina materializándose, y que eso, en cierto punto, también es bonito. Intento encontrar belleza en lo inesperado. Además, en fotografía analógica lo importante es estar presente, porque el resultado no siempre será lo que uno espera.

¿Cuál es tu cafetería favorita y por qué te gusta ir ahí?
Me cuesta responder a esta pregunta, porque en Barcelona cada día abren nuevas cafeterías y, en mi opinión, muchas de ellas carecen de alma; son simplemente negocios pensados para generar rentabilidad.

Si tuviera que elegir una, sería aquella en la que pasaba las mañanas de los viernes con mi abuela y con Marc hace unos años. Lamentablemente, ya ha cerrado.

Creo que no es tan importante la cafetería en sí, sino con quién compartes ese café y el sentimiento que genera ese entorno. Allí, al poco tiempo de ir, ya sabían lo que queríamos tomar y se adelantaban a ello. No era café de especialidad, pero como si lo fuera.

Es bonito cuando ocurre algo así y no todo se reduce a una transacción económica.

Si este mes tu vida fuera una película, ¿qué título tendría y quién haría el soundtrack?
Las inquietudes me parecería un buen título. Este 2026 ha empezado con bastantes cambios y me cuesta no anticipar constantemente acontecimientos negativos que ni siquiera tienen probabilidad real de suceder.

El soundtrack sería de Lou Reed y David Bowie; siempre he fantaseado con una canción en la que participaran ambos.

¿Con qué estudios, laboratorios o talleres has colaborado recientemente o te gustaría hacerlo en un futuro?
No suelo atarme a ningún laboratorio en concreto; voy probando diferentes. Creo que es como con los denim: siempre estás buscando el perfecto, ya no solo en el proceso en sí, sino en la atención, en cómo te hacen sentir, la ubicación…

Recomiéndanos uno o más artistas que sigas, que te inspiren, y dinos qué es lo que más te gusta de su trabajo o de su forma de trabajar.
Uno de mis fotógrafos favoritos, y también escritor, es Hervé Guibert. Me conmueve profundamente el sentimiento que transmiten tanto sus fotografías como sus libros. Al amigo que no me salvó la vida es uno de mis favoritos; retrata la irrupción del VIH con una sensibilidad y una crudeza que me parecen únicas.

Me inspira cómo es capaz de fijarse en lo mínimo: un gesto, una habitación, un cuerpo que cambia… Lo convierte en algo que te obliga a mirar dos veces. Su forma de trabajar la intimidad me recuerda que lo personal también puede ser un lugar desde el que crear. Que no hace falta pulirlo.

De igual forma me pasa con la fotografía de Lina Scheynius. Tengo varios de sus fotolibros y siempre vuelvo a ellos. Esa intimidad tan cotidiana que retrata, casi como si no hubiera cámara de por medio, me parece de lo más bello.