Tengo un amante que me adora.
Se hinca para besar la parte más afilada de mi pantorrilla.
Carga una botellita de agua de la cual solo bebo yo.
Me mira como quien contempla un fenómeno de la naturaleza por primera vez: envuelto en misterio, sin buscar explicación.
Mi amante y yo caminamos la vida en paralelo.
Compartimos secretos que ni siquiera hemos tenido que pronunciar.
Nuestro amor se nutre del presente.
Cogemos todo el tiempo, con o sin el cuerpo.
La sexualidad es un mundo nacido de nuestra cotidianeidad: de los anhelos del imaginario, de las luchas en las que creemos, de la música, de los árboles, de las risas.
Mi amante me deja sin palabras.
Conmovida por el intercambio de ideas, siento un nudo en la garganta.
No lloro, me permito sentir en silencio, y él no hace preguntas; sólo me deja estar conmigo.
A veces, a solas, el llanto brota de mí como una fuente que emerge desde el sacro hasta la coronilla: potente, inevitable, desbordada, rendida; con el corazón abierto, en un orgasmo.
Mi amante se acerca a mi cuello para decirme cualquier cosa.
Siento el calor de su aliento sobre mi piel.
Me mantengo firme. Sé que, mientras me derrito con el vapor de su boca, él sueña despierto con el olor de mi pelo.
Un dulce empate.
Busca cualquier pretexto para acercar su cara a la mía, para poner su cuerpo al servicio del mío y yo me siento envuelta en su energía, libre, más libre que nunca.
Puedo decidir entre devorar su boca o caminar sin voltear atrás.
Mi amante sabe cómo amarme. Lo sé de la misma manera en que se sabe que una planta está siendo bien cuidada: se nota.
Me miro al espejo y encuentro todos los colores:
mis ojos más verdes que nunca, mi piel luminosa como el oro, mis mejillas rosadas, mi pelo caoba, como la melena de un león.
Mi amante es liminal: trasciende distancias, historias, títulos y reglas.
A veces juego a decirle que es mi amigo, o le pido que nos olvidemos para siempre, con la plena certeza de que nuestro amor no obedece.
Mi amante me enseña cómo se vive el amor en mí:
es un espejo, un portal, una llave, un sendero, un viento.

Escritora mexicana con experiencia en el mundo editorial. Se nutre de sus propias percepciones y sensibilidad, juega y explora con las palabras para construir universos íntimos, donde la emoción y la reflexión se entrelazan.