Veinte Cero Coffee

¿Cómo nació este local y qué lo hizo diferente desde el principio?
Veinte Cero
nació en 2020, en plena pandemia. Fue un año complicado, lleno de incertidumbre, en el que muchos nos preguntamos qué hacer con nuestras vidas. En medio de ese momento decidí empezar algo pequeño: preparar cold brew embotellado listo para beber.

Empecé investigando variedades de café, probando distintos ratios y haciendo muchas pruebas hasta dar con una receta que realmente me convenciera. Esa receta es, de hecho, la misma que seguimos usando hoy en Veinte Cero.

Lo que comenzó como una búsqueda personal por entender mejor el café terminó convirtiéndose en algo más grande. Desde el inicio la diferencia fue esa curiosidad por ir más allá: no solo vender café, sino comprenderlo, respetar su origen y compartirlo con la gente desde un lugar más consciente.

¿Qué parte del día, del espacio o del proceso creativo disfrutan más quienes trabajan aquí?
Creemos que todos los días son únicos, porque siempre son diferentes. Algo que disfrutamos mucho es darnos el tiempo de seguir capacitándonos y de descubrir cosas nuevas dentro de este mundo tan complejo —y cada vez más amplio— que es el café.

Nos encanta catar nuevas variedades, explorar sus perfiles y poder tener esos cafés disponibles en la barra para que nuestros clientes también los descubran y los disfruten. Pero quizás lo más gratificante es ver a un cliente regresar a la barra porque realmente le gustó nuestro café. No hay nada mejor que ese momento.

Si alguien entra por primera vez, ¿qué es lo que no debería perderse?
Probar un café filtrado; es donde realmente puedes entender el café: sus notas, su proceso, su origen. Muchas veces es la primera vez que alguien descubre que el café puede saber a fruta, a miel o a flores.

¿Cuál ha sido un desafío interesante que los haya hecho replantearse algo sobre el proyecto?
Uno de los desafíos más interesantes ha sido entender el contexto del mercado potosino. A veces puede sentirse limitado, y eso te obliga a replantearse constantemente cómo sostener un proyecto de café de especialidad sin perder la esencia. Para nosotros el mayor reto ha sido mantenernos fieles a nuestro concepto: seguir formando comunidad y educando a nuestros clientes sobre el café. No se trata solo de tener un buen producto, sino de construir una cultura alrededor de él.

Con el tiempo también entiendes que un proyecto así no se sostiene únicamente en la taza, sino en el equipo que lo hace posible. Construir un buen equipo, compartir una visión y crear una cultura de trabajo sólida se vuelve tan importante como el café que servimos.

¿Qué influencia, idea o referencia sigue guiando lo que hacen hoy?
La idea de respetar el origen. Entre más conoces el campo y a los productores, más claro se vuelve que el café no empieza en la máquina de espresso, empieza en la finca. Eso sigue guiando muchas de nuestras decisiones: qué café compramos, cómo lo presentamos y cómo lo compartimos con nuestros clientes.

¿Qué lugar, proyecto o persona los ha inspirado últimamente y por qué?
Viajar y visitar fincas siempre cambia la perspectiva. Hace poco estuve en Chiapas con Cafeología aprendiendo sobre cosecha y procesos con productores y personas que llevan años dedicando su vida al café. Estar ahí te recuerda que cada taza es el resultado de muchísimo trabajo. Regresar a la cafetería después de eso cambia la manera en que sirves el café.

Si su espacio pudiera invitar a alguien a colaborar por un día, ¿quién sería y qué harían juntos?
Invitaría a un productor de café a tomar la barra con nosotros por un día. Sería increíble que los clientes pudieran escuchar directamente de quien cultiva el café: cómo se produce, cómo se cosecha, cómo se decide un proceso.Muchas veces en las ciudades olvidamos que el café es un producto agrícola.

¿Hay algún objeto, rincón o detalle del lugar que tenga una historia que pocos conocen?
La barra. Para muchos es solo el lugar donde se prepara el café, pero para nosotros es el corazón del espacio. Ahí pasan muchas cosas: calibraciones a las siete de la mañana, conversaciones con clientes, pruebas de nuevos cafés, incluso decisiones importantes del negocio. Gran parte de la historia de Veinte Cero ha ocurrido ahí.

Si este proyecto fuera una ciudad, un libro o un disco, ¿cuál sería y por qué?
Probablemente sería el disco DTMF de Bad Bunny. Puede sonar trillado, pero hay algo en ese disco que conecta mucha gente.

Creo que Veinte Cero también tiene esa vibe. Un lugar donde el café se convierte en punto de encuentro, donde hay identidad, comunidad y respeto por el origen de lo que hacemos. Un espacio que, más que seguir una tendencia, intenta mantenerse fiel a sus raíces.

Respuestas por Marlyn Franco Hernández, fundadora y dueña de Veinte Cero Coffee